lunes, 24 de octubre de 2011

Álvaro Uribe Vélez y Juan Carlos Martínez Sinisterra, dos barones electorales en la contienda del 30 de octubre

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


No es poco lo que se juega en la jornada electoral del 30 de octubre en Colombia. Y es así porque hay en escena dos grandes barones electorales, que no necesariamente están enfrentados políticamente, y que por el contrario, de salir ganadores sus ungidos, las alianzas políticas vendrán casi por añadidura. Se trata de Álvaro Uribe Vélez y Juan Carlos Martínez Sinisterra.

El primero, un ex presidente ideológicamente cercano al fenómeno paramilitar, con amigos políticos condenados por demostrados vínculos con las AUC y cuyo gobierno se benefició de la penetración paramilitar en el Congreso de la República, como quiera que legisló con ellos desde 2002 hasta el 2010. La frase célebre mientras los meten a la cárcel, voten los proyectos del gobierno, expresa el nivel de connivencia que mantuvo con políticos que abiertamente se aliaron con quienes buscaron ‘refundar la patria’: los Paramilitares.

El segundo, un ex senador condenado por la Corte Suprema de Justicia por nexos con grupos paramilitares. Su influencia política y electoral ha trascendido el Valle del Cauca. En esta comarca apoya candidatos a varias alcaldías y se dice, que a varios aspirantes a la gobernación del Valle, en los que se destaca el candidato Useche. El portal www.lasillavacia.com sostiene lo siguiente: “Desde San Andrés hasta el Amazonas y desde Nariño hasta La Guajira, Juan Carlos Martínez pretende convertirse en uno de los mayores ganadores de las elecciones de octubre. El ex senador, condenado por parapolítica y preso en la cárcel El Bosque de Barranquilla, está detrás de tres partidos, el PIN, el MIO y Afrovides, que inscribieron más de 17 mil candidaturas en todo el país.”

El ex presidente Uribe Vélez viene adelantando sus talleres democráticos y brindando apoyos políticos no sólo en el Valle del Cauca y Bogotá (está detrás de la aspiración Enrique Peñalosa), sino en Antioquia, donde Martínez Sinisterra también tiene candidatos, alrededor de 56 candidatos a alcaldías, según La Silla Vacía। En Medellín, Uribe apoya la candidatura de Federico Gutiérrez, aunque un sector fuerte del uribismo está con Luis Pérez. Es posible que la aparente división en el uribismo sea una simple estrategia electoral para ganar con cara y con sello.


Hace pocos días Uribe Vélez ofreció su apoyo al candidato a la gobernación del Valle, Ubeimar Delgado y al aspirante a regresar a la alcaldía de Cali, Rodrigo Guerrero Velasco.


De lo sucedido con Ubeimar Delgado la columnista de EL ESPECTADOR, María Elvira Bonilla sostiene lo siguiente: “…desde hace varias semanas se venía buscando una alianza entre el candidato conservador, Ubeimar Delgado, y el liberal, Jorge Homero Giraldo. Delgado estaba decidido a declinar su candidatura para unir fuerzas con el candidato liberal y dar la pelea con miras a frenar a Useche, alumno aventajado en las prácticas non sanctas de sus dos tutores. Sin embargo, a finales de la semana pasada, Álvaro Uribe entró a jugar en el ajedrez político del Valle. Y de una manera perversa. Sin consideración por los acuerdos locales a que habían llegado los dirigentes de la U, su partido, en el Valle, dio su apoyo a Ubeimar Delgado, con lo cual el candidato conservador se envalentonó y deshonró el acuerdo. Madrugó a pagar avisos de prensa con su foto al lado de Uribe y decidió llevar su candidatura hasta el final. Nadie cree en la ingenuidad de Uribe. Se trató del abrazo del oso a Ubeimar, un candidato sin ninguna opción de triunfo pero con el que consiguió matar una alianza que ha podido resultar ganadora, y le abrió el camino del triunfo a Useche. El expresidente, con su sonrisa socarrona, conservará a sus viejos amigos políticos en el Valle del Cauca, pero comprometiendo el futuro de una región que empezaba a dar señales de vida”. (El abrazo del oso de Uribe, El Espectador.com, lunes 24 de octubre de 2011).

La presencia de estos barones electorales debilita aún más la democracia colombiana, en la medida en que los demostrados daños que Uribe Vélez le hizo al país, a la institucionalidad y a la nación, poco significan para los ciudadanos que votarán por sus candidatos y para aquellos grupos de poder que ven con buenos ojos la participación electoral del ex mandatario.

De igual forma, la vigencia político-electoral de Martínez Sinisterra, es la prueba máxima de que no se ha dado en Colombia un proceso de sanción moral contra el paramilitarismo y su penetración en el Estado. Es decir, el país sigue y seguirá, por cuenta de estos dos barones electorales, estimando dicho fenómeno multifactorial, como una acción legítima en contra no sólo de las guerrillas llamadas de izquierda, sino contra todos aquellos que se oponen a las tendencias mundiales que conciben un Estado mínimo, para poder garantizar, por esa vía, la circulación libre del capital, la concentración en pocas manos de la riqueza y consecuentemente, la ampliación de la pobreza, así como de las condiciones indignas, laborales y sociales, en las que sobreviven millones de colombianos.

Uribe y Martínez representan, además, la entronización de la violencia política, el clientelismo y la corrupción como mecanismo para alcanzar el poder.
De triunfar los candidatos de Uribe y Martínez (ello se da casi por descontado), no sólo sufrirá la democracia y la institucionalidad, sino que será el inicio de un proceso largo de oposición política en los que alcaldes y gobernadores, obedeciendo a estos dos barones electorales, terminarán oponiéndose a la reelección de Juan Manuel Santos y preparando el camino para el regreso de Uribe Vélez, bien en 2014 o en 2018.

Con Uribe Vélez y Martínez Sinisterra tomarán un segundo aire aquellos que participaron de los proyectos de refundar la patria. Lejos está el país de superar las aciagas noches de la penetración paramilitar y la consecuente cooptación del Estado colombiano. Por el contrario, estaremos ante una segunda etapa del paramilitarismo, que es más que un fenómeno de violencia política, a la que ya están atentos empresarios nacionales e internacionales interesados en extraer minerales y explotar los recursos de la biodiversidad.

Votar en blanco este 30 de octubre, creo, es la única salida ante este preocupante panorama.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Los universitarios se movilizan

El férreo rechazo a las pretensiones privatizadoras de la educación pública superior que trata de imponer el actual gobierno, es una muestra de que aun en Colombia hay demócratas que vemos en el estado social de derecho un horizonte de dignidad para todos y todas.

No queda más que apoyar en todos los espacios posibles a los jóvenes universitarios, unirnos a su lucha desde los diferentes espacios y roles que ejercemos en la sociedad, pues su lucha es la lucha del pueblo colombiano por un mejor futuro.

Un saludo a la Mesa Amplia Nacional Estudiantil y las diversas organizaciones estudiantiles que alzan su voz ante las pretensiones del gobierno Santos

viernes, 7 de octubre de 2011

EL CASO MARTÍNEZ: CONSECUENCIA DE UNA SOCIEDAD ENFERMA

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Que el polémico ex senador Juan Carlos Martínez, condenado por vínculos con los paramilitares, salga de la cárcel con permiso del INPEC es un claro indicador de que las políticas criminal y penitenciaria en Colombia están al servicio del crimen, de los corruptos, lo que a su vez confirma que el Estado colombiano, como orden moral, colapsó.

Pero más allá de las polémicas salidas proselitistas de este nuevo gamonal, lo que hay que revisar muy bien es quiénes estuvieron y están aún detrás del nacimiento y vigencia de esta figura natural de la democracia colombiana. ¿Por qué sobre el asunto de los permisos sólo se pronuncian columnistas de opinión y no el propio Presidente Santos? ¿Por qué líderes conservadores del Valle del Cauca no salen a exigirle al Gobierno nacional, acciones concretas para impedir que Martínez Sinisterra maneje varias campañas políticas que buscan alcanzar el poder tanto en la ciudad como en el departamento? ¿Y qué decir de las tímidas intervenciones de los ministros de Justicia y del Interior cuando los periodistas les preguntan por los permisos otorgados al condenado por parapolítica?

¿Por qué el propio ex presidente Uribe Vélez, muy dado a mandar a capturar presuntos delincuentes y a señalar culpables, no ha dicho nada al respecto? ¿Por qué otros actores de la sociedad civil vallecaucana y colombiana guardan silencio ante un proselitismo político del que conocemos sus alcances?

Martínez Sinisterra representa lo que en varias columnas he llamado los Proyectos Políticos Emergentes, fruto de la doble moral con la que el capital circula y con la que empresarios y las élites lo ponen a reproducir, lo que de tiempo atrás les conviene a unos y a otros: aumentar o mantener la pobreza, la exclusión, una democracia clientelista, un Estado cooptado, niveles estructurales de desempleo y en general, condiciones de pauperización social con efectos claros en amplios sectores societales.

Entonces, lo de Martínez, simplemente es la consecuencia de una sociedad permisiva con el crimen, enferma, de un Estado mafioso, de una kakistocracia que ha permitido concebir súbditos, y no ciudadanos responsables y por supuesto, de un fenómeno que como el paramilitarismo, se ha servido de los intereses mezquinos de Emergentes y élites Tradicionales, para avanzar en un proyecto conservador de sociedad, en donde sobresalen las voces incontrastables de patrones, de gamonales y de matones al servicio del capital.

Este es el país que hemos construido y de eso somos culpables todos. Narcos, paracos y guerrilleros son hijos de una sociedad enferma, con una doble moral que le sirve a muchos para tapar y ocultar lo que hay detrás de estos personajes de la política colombiana. Hoy es claro que el fenómeno paramilitar, que no se opone al mercado, que no se opone a la circulación del capital, que es amigo del neoliberalismo, necesita de políticos como Juan Carlos Martínez Sinisterra. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

Hoy es Martínez, pero ayer fueron Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela, entre otros capos, quienes se apoyaron en políticos, en empresarios, en círculos formales de poder y se sirvieron de la política para penetrar las instituciones del Estado y a la sociedad entera. Nada va a cambiar. Ya vendrán más, otros. El capital y las élites políticas los forman a su imagen y semejanza. Es decir, seres humanos inescrupulosos, con una ética acomodaticia y con una doble moral. De seguro que si revisamos el pasado es posible que encontremos razones y explicaciones al surgimiento y a la vigencia de Martínez en esta comarca vallecaucana. ¿Por qué no empezamos por pasadas campañas políticas de ciertos políticos locales y del norte del Valle, para avanzar en la comprensión de un fenómeno, que como el de Martínez, es político, cultural, económico y social?

jueves, 6 de octubre de 2011

CARTA DE APOYO



GONZALO ÁLVAREZ HENAO
CANDIDATO AL CONCEJO DE MEDELLÍN, CON EL Nº 3

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO









Los abajo firmantes, profesionales de distintas disciplinas, manifestamos públicamente nuestro respaldo a GONZALO ÁLVAREZ HENAO, como candidato al CONCEJO MUNICIPAL de Medellín por el Polo Democrático Alternativo, reconociendo su trayectoria como dirigente cívico, popular y comunitario en esta ciudad durante varias décadas.



Gonzalo ha acompañado y asesorado los movimientos populares de la ciudad desde la década de los 80, cuando fue Concejal, y se distinguió por su trabajar con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Gonzalo no se ha rajado en ningún momento de nuestra historia reciente: encarna la firmeza y la perseverancia de la izquierda democrática que se aglutina en el Polo Democrático Alternativo.



Gonzalo es consciente de la importancia de resolver desde el Concejo los problemas sociales más urgentes que tenemos en la ciudad, como el desempleo, la carestía de los arriendos y de la vivienda, y en general, la inseguridad, la crisis de la salud y las altas tarifas de los servicios públicos, entre otras.



Pero además plantea asuntos de urgencia manifiesta para la ciudad, como la movilidad bajo parámetros que contribuyan a aumentar sustancialmente el disfrute del espacio público con carácter incluyente; una movilidad de cara al sentir de peatones, conductores, transeúntes y comerciantes; la generación de ingresos a través de proyectos productivos y asociativos; todo lo cual redundará en la calidad de vida, gracias a la disminución de “la congestión humana” producida por el desarrollismo vivido por la ciudad en los últimos gobiernos.



Gonzalo como Concejal se compromete a defender el principal patrimonio público de la ciudad, las EE.PP.MM, para que se le garantice a los ciudadanos, sin distinción, el mínimo vital en materia de servicios públicos; se compromete a hacer la fiscalización permanente de los procesos de planeación, urbanización y construcción de obras físicas de desarrollo y urbanismo, con sentido de responsabilidad social y ambiental, antes que obras monumentales y la defensa de las luchas sociales de todos los ciudadanos y organizaciones populares de la ciudad.



Por todo lo anterior, consideramos que GONZALO ÁLVAREZ HENAO es algo más que una opción; es a nuestro juicio, LA VOZ QUE FALTA EN EL CONCEJO: una voz de compromiso, de denuncia, de apoyo a los sectores comunitarios; una voz crítica y propositiva, de transparencia, de sentido social; una voz respaldada en la convergencia de profesionales, jubilados, educadores, mujeres, negritudes, jóvenes, grupos culturales, organizaciones de vivienditas, estudiantes, usuarios de la salud, de los servicios públicos domiciliarios; en fin, de ciudadanas y ciudadanos que esperan una mejora significativa en sus condiciones de vida como habitantes de la segunda ciudad del país.


Firmas





Luis Fernando Wolff Isaza Catedrático Universitario
Adolfo León Betancurth Médico
Aydee Socorro Montoya Ambientalista
Luis Alfredo Molina Lopera Abogado, Periodista
Eduardo Nieto López Abogado
Carlos Ossa Poeta
Ramiro Álvarez Bedoya Arquitecto, Planificador Urbano
William Estrada Abogado, Ex Presidente ADIDA
Jaime Jaramillo Abogado, Poeta, Ex Presidente ASONAL ANTIOQUIA
Luis Fernando Muñoz Médico
Jairo Ramírez Giraldo Abogado, Ex Magistrado Tribunal superior
Arnoldo López Directivo- Organización de Desplazados
Edwin Posso Abogado, Asesor Red de TV Comunitaria
José Libardo Soto Médico Veterinario

















gonzaloalvarezalconcejo.blogspot.com

jueves, 1 de septiembre de 2011

¿COLUMNISTAS O TESTAFERROS IDEOLÓGICOS?

Por Germán Ayala Osorio , comunicador social y politólogo
www.laotratribuna1.blogspot.com


El proyecto político, económico, social y cultural del paramilitarismo necesitó de ideólogos que hicieran lobby en altas y medianas esferas de la sociedad colombiana, para lograr no sólo penetrar su estructura, así como lo hicieron en las del Estado, sino para ganar adeptos para un proyecto fincado en el cansancio que aquellos sectores de poder sentían por la acción guerrillera y por los discursos reivindicantes de socialistas, comunistas, sindicalistas y pensadores críticos del Establecimiento.

En este tipo de iniciativas políticas las tribunas de opinión de la gran prensa juegan un papel clave, como quiera que desde allí se han defendido proyectos revolucionarios de las guerrillas, y en los últimos años, la acción pretendidamente contrainsurgente del paramilitarismo, como acción válida ante la debilidad del Estado para contener la avanzada de las Farc y del Eln.

Que columnistas expongan sus ideas y muestren en sus columnas sus simpatías ideológicas frente a los proyectos armados de guerrillas y paramilitares refleja en parte el contexto colombiano, polarizado entre las tendencias de izquierda y de derecha. Pero, por un lado va que cada columnista elabore y exponga sus planteamientos de manera libre, esto es, sujeto tan sólo a los límites que le pone su propia capacidad discursiva. Hasta allí creo, que las libertades de conciencia, de expresión y de prensa quedan cubiertas, lo que daría para aplaudir que aun en medio de las diferencias ideológicas, unos y otros, pueden exponer sus ideas de manera libre, eso sí, sin desconocer que en Colombia siempre habrá riesgos para quienes deciden hacer públicas sus opiniones.

Y creo que la gran prensa, motivada no sólo por la decisión de asegurar la pluralidad de pensamiento en sus tribunas de opinión, logra hoy que confluyan en sus páginas de opinión plumas de diversa índole y talante. Por ejemplo, en medios nacionales como EL TIEMPO y EL ESPECTADOR se exhiben posturas de derecha de columnistas como José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño y por supuesto, el propio caso de Ernesto Yamhure.

Pero por un lado van las afinidades ideológicas que un columnista pueda sentir o advertir hacia una corriente de pensamiento, o con un proyecto político armado como el de las Farc y las AUC, y por el otro, que los columnistas terminen cumpliendo el papel de prestidigitadores, de voceros, de magos del discurso, para encubrir una empresa criminal y hacerla pasar como un proyecto libertador y por ello legítimo y vital para la nación colombiana.

Ese parece ser el caso de Ernesto Yahmure, columnista de EL ESPECTADOR por más de 10 años, a quien se le señala de haber tenido relaciones cercanas con Carlos Castaño, líder de las AUC. La versión la recoge hoy la revista Semana.com, quien a su vez basa su información en la que publicara el periódico Un Pasquín, dirigido por el reconocido caricaturista, Vladdo.

En Semana.com se lee hoy 01 de septiembre de 2011 que ”los documentos, hallados en una memoria USB en poder de la Fiscalía y publicados en el periódico Un Pasquín, revelan que Carlos Castaño conocía de antemano las columnas de Ernesto Yamhure y que el entonces jefe paramilitar tenía injerencia sobre su contenido” (sic).

Si ello fue así, Yamhure puede ser señalado como testaferro ideológico de la empresa criminal más grande, temible y exitosa puesta en macha en Colombia: el paramilitarismo.

Esa constatación perjudicaría la libertad de pensamiento y a las propias libertades de expresión e incluso, a la libertad de prensa, en la medida en que el ejercicio subjetivo de la doxa estaría mediado, por un lado, por la presión política que pudo haber ejercido el líder las AUC, Carlos Castaño, sobre Yamhure, para que publicara sus columnas en un sentido o en otro; pero por el otro lado, el mencionado columnista estaría sirviendo de estafeta, de amanuense a un proyecto criminal violador de los derechos humanos y responsable de buena parte de los desplazamientos forzosos de millones de colombianos, lo que de inmediato invalida el ejercicio subjetivo de la opinión, para poner, ese mismo ejercicio, al servicio de semejante empresa criminal.

Estamos, entonces, ante una línea delgada que se dibuja entre el derecho que les asiste a los columnistas de la gran prensa nacional, con todo y lo que ello significa, a expresar con cierta libertad su opinión y de convertirse por esa vía en líderes de opinión, y el de militar, validar, aceptar, difundir y de apoyar empresas o proyectos criminales como el paramilitarismo.

Y si bien no se puede endilgar responsabilidad alguna al diario EL ESPECTADOR por dar cobijo a este tipo de columnistas, sí amerita una discusión alrededor de lo que significa para un país violento y polarizado ideológicamente el abrir tribunas de opinión que terminan sirviendo a los intereses de líderes político-militares al margen de la ley.

Creo que es hora de que el debate se dé y qué bueno sería que las Facultades de Periodismo del país, junto con los medios masivos, convocaran a una discusión sobre este caso que de todas formas toca la responsabilidad social de los medios masivos, en especial en lo que tiene que ver con la generación de estados de opinión que de verdad sirvan para que las audiencias comprendan los riesgos latentes de defender y militar en proyectos político-militares infestados por el narcotráfico y responsables en la comisión de delitos de lesa humanidad.

Es ya suficiente riesgo para un columnista estar sujeto a sus propias convicciones, ideales y posturas. Y peor aún será el riesgo para éste, cuando decide poner su pluma al servicio de quienes están lejos de aceptar la diferencia. Al hacerlo, deja de ser un columnista, para convertirse en un vulgar testaferro ideológico.