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lunes, 11 de agosto de 2008

Cómo enfrentar la crisis del agro: ¿Lamentando los problemas insolubles o resolviendo los problemas solucionables? --Polan Lacki

En la economía las soluciones rinden más que los problemas; en la política, los problemas valen mucho más que las soluciones-Nikolai Bukharin (1888-1938)-economista y político soviético.



En base a esta reflexión de Bukharin, pareciera que en la agricultura latinoamericana deberíamos dedicarnos mucho más a la economía que a la política. Deberíamos descartar de plano aquellas seudo-soluciones utópicas que apenas contribuyen a confundir a los agricultores y a perpetuar los problemas del agro. Porque el agobiado sector rural está exigiendo soluciones de verdad y que sean más perdurables en el tiempo; es decir aquellas que, gracias a su factibilidad y realismo, puedan efectivamente ser llevadas a la práctica, por más adversas que sean las actuales condiciones de los productores rurales y de sus respectivos gobiernos. De poco sirve seguir afirmando a los agricultores que sus dificultades deberán ser resueltas por el estado a través de créditos abundantes y baratos, de la adquisición, refinanciación o condonación de sus deudas, de la concesión de subsidios internos, del aumento del valor del dólar, de la reducción de los impuestos y de los peajes, de la protección contra la importación de alimentos, etc; y que además nuestros gobiernos deberán exigir la eliminación de las barreras externas y de los subsidios con los cuales los países ricos protegen a sus agricultores.

Por más deseadas y atractivas que sean, en el corto y mediano plazo estas propuestas no serán llevadas a la práctica; entre otras razones porque los endeudados y debilitados gobiernos de los países latinoamericanos, aunque quisiesen no reunirían las condiciones económicas ni políticas para adoptarlas. En el plano interno, por insuficiencia de recursos para mantener en el tiempo estos mecanismos ?perpetuadores? de dependencias; y en plano externo por no tener la fortaleza política para impedir que los países desarrollados continúen subsidiando y protegiendo a sus agricultores. La adopción de estas medidas es tan improbable que no vale la pena perder tiempo con utopías que suelen ser inspiradas en la ingenuidad o, peor aún, en repudiables propósitos demagógico-electorales. Además de lo anterior, no es esta la principal causa de la crisis del sector agropecuario, sino que las distorsiones descritas a continuación, las que con humildad deberemos reconocer y con competencia deberemos eliminar.

Las ineficiencias del negocio agrícola: ¿contrarrestar sus consecuencias o eliminar sus causas?

En América Latina, el camino cómodo y simplista de querer contrarrestar las consecuencias de una agricultura ineficiente, a través de artificialismos compensatorios está agotado. Ante esta situación sólo nos queda la alternativa realista de eliminar las causas más profundas de la falta de rentabilidad y de competitividad; y a través de esta medida prescindir de los subsidios que, de antemano sabemos, no serán otorgados por nuestros gobiernos. Entre estas causas, ?eliminables? por los propios agricultores, con la única condición de que estén capacitados y organizados, están las siguientes distorsiones e ineficiencias que ocurren en las fincas y comunidades rurales:

1a ineficiencia --Bajísimos rendimientos por unidad de tierra y de animal, causados muchísimo más por la falta de conocimientos adecuados que de políticas agrícolas generosas. En América Latina los rendimientos promedio en kilogramos por hectárea son los siguientes: arroz: 3189; fríjol: 712; maíz: 3288; papas:13561; soya: 2472; trigo: 2090. En la ganadería vacuna: 4 litros de leche/vaca/día; primer parto a los 42 meses pudiendo ocurrir antes de los 28 meses; intervalo entre pariciones de 22 meses pudiendo ser de 13 meses; tasa de extracción o saca en la bovinocultura de 19%; edad de faena de los novillos superior a los 4 años; producción de 60 kilogramos de carne vacuna por hectárea y por año.
Estos bajísimos rendimientos son el claro reflejo de la ocurrencia de errores, a veces primarios, que ocurren en el proceso productivo. Para corregir muchos de ellos se requiere apenas adoptar, en forma correcta y ?gradualizada?, tecnologías sencillas que requieren mucho más de conocimientos adecuados que de créditos abundantes, porque dependen mucho más del "cómo hacer" que de "con qué hacer". En el caso del fríjol, al dividir los 712.000 gramos por las 225.000 matas que debería tener una hectárea, se concluye que cada mata de fríjol produce aproximadamente 3 gramos lo que corresponde a una vaina con 8 o 12 granitos. Lo anterior suele ser consecuencia de que la mayoría de los plantadores de porotos utilizan semillas genéticamente erosionadas y contaminadas con patógenos, no hacen test de germinación ni regulan la sembradora, no siembran en la época adecuada y con densidad y profundidad correctas, no eliminan las malezas en el momento oportuno, no hacen rotación de cultivos y tienen importantes pérdidas antes y durante la cosecha. En este caso, a excepción de las semillas, todas las demás correcciones dependen apenas de que los productores sean concientizados y capacitados; es decir las correcciones dependen mucho más de insumos intelectuales que de insumos materiales. En este rubro no se puede atribuir la culpa a los subsidios otorgados por los países ricos porque ellos no exportan frijoles subsidiados; tampoco en el caso del café, del cacao, de la yuca y de otros productos que no sufren la competencia de las tesorerías de los países ricos, y sin embargo, en ellos también tenemos problemas de falta de rentabilidad.


Si no podemos aumentar los precios de venta tendremos que disminuir los costos de producción y transacción


No estamos desconociendo que varios países desarrollados con los cuales tenemos que competir subsidian a sus productores, pero tampoco podemos ignorar que otra causa importantísima de nuestra falta de competitividad es que las vacas de ellos, producen en promedio nacional, más de 20 litros de leche al día, que cada hectárea de sus tierras rinde casi 8.000 kilos de trigo, 10.000 kg de maíz y hasta 49.000 kg de papas. Mientras nuestros gobiernos no puedan otorgar subsidios ni impedir que los países ricos sigan haciéndolo, sólo nos queda el camino realista de corregir nuestras propias ineficiencias; si lo hacemos, nos volveremos menos dependientes de los inexistentes subsidios internos y menos vulnerables a los excesivos subsidios externos. Es con este espíritu de objetividad y de pragmatismo que los agricultores eficientes y exitosos están sobreviviendo en el marco de la globalización y hasta sacando ventajas de las oportunidades que ella ofrece. Ellos "están prendiendo la lamparita en vez de seguir maldiciendo la oscuridad".

2a ineficiencia --Las formas distorsionadas cómo los agricultores adquieren los insumos y cómo venden sus excedentes. En ambas etapas los productores hacen exactamente lo contrario de lo que les convendría hacer; porque compran los insumos al por menor , con alto valor agregado y del último eslabón de intermediación; pero cuando venden sus cosechas ocurre un giro de 180 grados y lo hacen al por mayor, sin valor agregado y al primer eslabón de la cadena. Ambas distorsiones son ?eliminables? mediante la capacitación y organización de los productores con propósitos empresariales; y no necesariamente a través de nostálgicos e ineficientes intervencionismos estatales en la comercialización.


La finca diversificada puede ser la "agencia de desarrollo" de la familia rural


3a ineficiencia --La falta de diversificación productiva la que además de volver a los agricultores muy dependientes del crédito, los expone a innecesarios riesgos y vulnerabilidades de clima, enfermedades y mercado. Para diversificar la producción agropecuaria se requiere mucho más de capacitación que de complejos mecanismos de intervención estatal, cuyas frondosas burocracias suelen consumir los escasos recursos destinados a la operación de tales mecanismos. Si los gobiernos no están en condiciones de ofrecer crédito rural, seguro agrícola e insumos a todos los productores, la eficiente diversificación y verticalización de la actividad agropecuaria debería ser el "seguro agrícola" del productor, su "agencia de crédito", su "fábrica de algunos insumos", su "supermercado", su "agroindustria" y la "agencia de empleos" para todos los miembros de la familia durante los 365 días del año. La diversificación y la gradualidad tecnológica, ya sea horizontal o vertical, son medidas endógenas que liberan a las familias rurales de la dependencia de varias soluciones exógenas y generalmente inaccesibles; muy especialmente del crédito rural cada vez más caro y más inaccesible.

4a ineficiencia --La ocurrencia de sobredimensionamientos y ociosidades en inversiones que, en las actuales circunstancias de alto endeudamiento y baja rentabilidad, económicamente no se justifica realizarlas en forma individual o mantenerlas subutilizadas, como por ejemplo: tractores e implementos que trabajan pocas horas al año, tierras ociosas o con bajísima productividad, costosos equipos e inversiones en riego que no se traducen en altos rendimientos en virtud de graves errores tecnológicos en la conducción de los cultivos y en las técnicas de irrigación, juntas de bueyes que comen el año entero pero que pasan mucho más días descansando que trabajando, animales de elevado potencial genético cuyos bajos rendimientos son provocados principalmente por la falta de alimentos que podrían ser producidos en las propias fincas, inadecuada relación sementales/hembras,etc. Hipotéticamente, si en una comunidad existen 10 productores con 5 vacas de leche cada uno no se justifica económicamente tener 10 sementales,10 establos, 10 máquinas de ordeño,10 picadoras de forraje,10 enfardadoras y 10 enfriadores de leche; los bajos precios de la leche difícilmente podrán remunerar estas altas inversiones si ellas son hechas en forma individual. El asociativismo para lograr economía de escala, reducir costos, incorporar valor a las cosechas, comprar y vender con menor intermediación es el camino más realista cuando los gobiernos no están en condiciones de otorgar subsidios. Si en los últimos tiempos hasta los gigantes de la banca, de las comunicaciones telefónicas, de la industria químico-farmacéutica y agro-química están promoviendo fusiones y formando gigantescos conglomerados, como estrategia para poder sobrevivir en el mercado, con mayor razón deberán hacerlo los minúsculos y frágiles productores rurales.

5a ineficiencia --Los agricultores pobres suelen producir rubros que coincidentemente son adquiridos por los consumidores pobres de las ciudades ( yuca, papas, maíz, habas, fríjol, zapallo, arroz, camote, etc ). Si además de producir pequeñas cantidades de estos rubros poco rentables, son afectados por las distorsiones descritas en los 4 items anteriores, si hacen excesivas aplicaciones de pesticidas y sufren innecesarias pérdidas poscosecha, es evidente que no pueden volverse económicamente viables. Hacer un cambio progresivo hacia rubros de mayor densidad económica depende mucho más de conocimientos técnico-gerenciales que de sofisticados diseños de políticas agrícolas.


Diagnósticos equivocados y terapéuticas demagógicas están paralizando el agro


Luego de hacer esta descarnada descripción de las distorsiones que, con excepciones, desgraciadamente están generalizadas en América Latina, se imponen algunas preguntas:

¿serán los agricultores los culpables de tan graves ineficiencias? o ¿será nuestro disfuncional sistema educativo rural que no ha desarrollado en ellos la auto-confianza, la creatividad y la capacidad de corregir sus ineficiencias y de solucionar sus propios problemas?

¿será que es la falta de las políticas ( crediticias, arancelarias, tributarias, cambiarias, etc ) descritas en el primer párrafo, la principal culpable de que no logremos superar ese arcaísmo tecnológico, gerencial y organizativo? o ¿será que falta a las familias rurales una adecuada formación ?valórica? y unos conocimientos más funcionales e instrumentales, que ellos puedan aplicar y utilizar en la formulación de soluciones más autogestionarias y consecuentemente volverse menos dependientes de dichas políticas?

¿será que deberemos seguir priorizando infructuosas reivindicaciones dirigidas al congreso nacional, al ministerio de economía/hacienda, al banco central/agrícola/rural para pedir paliativos inaccesibles, ineficaces y perpetuadores de dependencias? o ¿será que deberemos buscar las soluciones emancipadoras en las escuelas básicas rurales, en las escuelas agrotécnicas y en las facultades de ciencias agrarias; apoyarlas como corresponde, pero exigir de ellas una educación mucho más pragmática, objetiva, funcional, realista y práctica para que de ellas egresen agricultores y extensionistas con real capacidad de corregir las ineficiencias del negocio agrícola?

¿ será que todos los gobiernos de los países de América Latina, los actuales y los de las décadas pasadas son y fueron insensibles a los problemas de los agricultores y no tuvieron voluntad política para solucionarlos? o ¿será que debido al modelo paternalista y a la insuficiencia de recursos no pueden y no pudieron ofrecer todos los ingredientes de la "receta" perpetuadora de dependencias a todos los agricultores siempre? Si dicha "receta" no funcionó cuando los gobiernos tenían más poder y más recursos ¿cómo va a funcionar ahora que están debilitados y endeudados?

¿cómo explicar que después de más de 50 años de millonarias aplicaciones de recursos en crédito rural, en la generación y difusión de tecnologías, en la formación de profesionales y técnicos, en la mantención de estructuras estatales de comercialización, en obras de riego, etc no hayamos sido capaces de incrementar estos modestos rendimientos y de superar las demás ineficiencias aquí analizadas? Con el agravante de que algunos de los importantes logros alcanzados en el agro latinoamericano ocurrieron más como consecuencia del empuje de productores visionarios, del sector privado y de estímulos gubernamentales "de arranque", que de los clásicos y permanentes instrumentos ?perpetuadores? de dependencias del estado, como por ejemplo: la avicultura industrial, la labranza mínima o siembra directa, la agricultura de contrato entre agricultores e agroindustriales (con aves, cerdos, tomates, tabaco, etc ), la fruticultura y la floricultura de exportación, el cultivo del espárrago en el Perú, la crianza de salmones en Chile, la producción de manzanas en el estado de Santa Catarina y la citricultura de exportación en el estado de Sao Paulo, ambas en Brasil, etc.

Definitivamente el intervencionismo estatal ?perennizador? de dependencias, desde arriba hacia abajo, deberá ser reemplazado por el protagonismo emancipador de los agricultores, desde abajo hacia arriba. Sin embargo lo anterior exige la acción de un estado que, gracias a la excelencia, pragmatismo y relevancia/pertinencia de los contenidos curriculares de sus instituciones educativas, tenga como principal objetivo estratégico desarrollar las potencialidades que están latentes en cada ciudadano del campo, en cada hogar rural, finca, comunidad, escuela básica rural, agencia de extensión, estación experimental, alcaldía, escuela agro-técnica y facultad de ciencias agrarias. En la construcción de la agricultura del mundo globalizado el sistema educativo rural--los tres niveles de la educación escolarizada y los servicios públicos y privados de extensión rural--necesitan recibir un claro y decidido apoyo del estado, del sector privado y de la sociedad. En contrapartida dicho sistema deberá pasar por un profunda y radical transformación que le permita asumir el compromiso y la responsabilidad de formar, capacitar y organizar una nueva generación de agricultores profesionalizados, anímicamente más auto-confiantes y técnicamente más competentes; agricultores que sean capaces de asumir como suya una creciente responsabilidad en la corrección de sus propias ineficiencias y de protagonizar la solución de sus problemas. Este es el único camino posible para una América Latina cuyos gobiernos no disponen de recursos para hacer todo por todos sus ciudadanos siempre; entre otras razones porque están abocados a combatir en las ciudades los efectos del subdesarrollo rural en vez de eliminar sus causas directamente en el campo y más específicamente en las ?desfinanciadas?, olvidadas y abandonadas escuelas básicas rurales.

Observaciones:1. Si a usted le parece que alguno(s) de estos conceptos es adaptable a la realidad rural de su municipio, provincia/departamento/estado o país, por favor no dude en utilizar, mejorar y difundir estas propuestas; ojalá que usted considere conveniente realizar en su propia institución o jurisdicción alguna actividad destinada a difundir, criticar, mejorar y adaptar estos planteamientos a sus respectivas realidades. 2. Críticas al artículo y pedidos de documentos, gratuitos, que amplían y fundamentan técnicamente la factibilidad de esta propuesta serán bienvenidas a los E-mails: Polan.Lacki@uol.com.br y Polan.Lacki@onda.com.br
Alternativamente dichos documentos podrán ser encontrados en la sección "Artículos" de la Página web http://www.polanlacki.com.br y en la nueva Página web http://www.polanlacki.com.br/agroesp

sábado, 7 de junio de 2008

Diagnósticos equivocados y soluciones demagógicas están "paralizando" las iniciativas de los agricultores- Polan Lacki

Es profundamente lamentable que en América Latina hayamos perdido más de 50 años elaborando diagnósticos equivocados de la problemática rural y diciendo a los agricultores que los siguientes factores exógenos fueron o siguen siendo las principales causas de sus problemas:
---el colonialismo y el imperialismo.
---las políticas de ajuste "impuestas" por el FMI y el Banco Mundial.
---el neoliberalismo, la globalización y la OMC.
---la falta de políticas, de garantías de comercialización, de créditos abundantes y baratos, de refinanciación y condonación de deudas
---la falta de subsidios internos y medidas de protección contra la importación de productos agrícolas.
---el valor del dólar y el precio de los peajes.
---los subsidios y protecciones que los países ricos ofrecen a sus agricultores.

Este planteamiento contiene algunas verdades y es muy redituable en términos electorales. Sin embargo:

a. ¿Las causas ?eliminables? de los problemas de los agricultores y las soluciones factibles de ser llevadas a la práctica son realmente las recién mencionadas? ¿O será que los "enemigos externos" son una excelente justificación y excusa para ocultar nuestra incapacidad de eliminar, nosotros mismos, nuestros "enemigos internos", utilizando las herramientas de la tecnología, de la administración y organización rural y del profesionalismo?

b. ¿Cuando los agricultores eligen a sus líderes gremiales y a las autoridades del país será que lo hacen para que ellos sigan, ad infinitum, identificando supuestos culpables y proponiendo soluciones utópicas?; ¿o lo hacen para que ellos adopten medidas realistas que puedan ser llevadas a la práctica, aún cuando no sea posible eliminar aquellos factores externos?

c. Cuando los agricultores, a través de sus impuestos, pagan los sueldos de los funcionarios de las instituciones de apoyo al agro, ¿lo hacen para que ellos sigan formulando diagnósticos de los motivos remotos, en el tiempo y en el espacio, del porqué somos subdesarrollados?; o lo hacen para que dichas instituciones se vuelvan muchísimo más eficaces en la corrección de las ineficiencias del negocio agrícola?

d. ¿Antes de echar la culpa en terceros, no deberíamos "hacer las tareas domésticas", como por ejemplo, corregir las distorsiones descritas a continuación, máxime si tenemos en cuenta que éstas si, pueden ser evitadas o eliminadas, independiente de lo que ocurra o deje de ocurrir con aquellos "enemigos externos"?

1.En cada hectárea de tierra los agricultores latinoamericanos producen en promedio: 3189 Kgs de arroz; 712 Kgs de fríjol; 3288 Kgs de maíz; 13.561 Kgs de papas; 2090 Kgs de trigo. No busquemos "chivos expiatorios", estos bajísimos rendimientos son consecuencia de errores primarios, fácilmente corregibles, como por ejemplo: utilizar semillas genéticamente erosionadas o contaminadas con patógenos, no hacer test de germinación, no inocular las semillas de leguminosas, no regular adecuadamente la sembradora, no hacer análisis de suelo, no adoptar la rotación y la diversificación de cultivos, no eliminar las malezas antes que ellas dañen el cultivo, no evitar pérdidas antes y durante la cosecha, etc. En la ganadería los productores obtienen, en promedio, menos de 1200 litros de leche por vaca y por año; la primera preñez ocurre a los 33 meses de vida, pudiendo ocurrir antes de los 19 meses; el intervalo entre pariciones es de 22 meses, pudiendo ser de 13 meses; la extracción o saca es de 19%, el rendimiento es de sólo 60 quilos de carne por hectárea y por año y los novillos llegan al peso de abate a los 50 meses de edad pudiendo hacerlo antes de los 25. Similar al caso de la agricultura, estos indicadores zootécnicos son el reflejo de la no adopción de prácticas también elementales, como por ejemplo: falta de cuidados en el parto incluso protección contra las intemperies, no desinfección del ombligo, no suministro del calostro en las primeras horas de vida, no adopción de medidas de prevención contra enfermedades y parásitos, falta de higiene en las instalaciones y en el ordeño, pérdidas de celos, falta de registros productivos y reproductivos, y, muy especialmente, porque los animales suelen estar sub o mal alimentados, durante largos períodos del año; la inadecuada o insuficiente alimentación, es, de lejos, la causa más importante del modesto desempeño de nuestra ganadería. Al contrario de lo que suele afirmarse, estos errores no se deben a los supuestos factores exógenos mencionados en el primer párrafo de este artículo; ellos se deben al hecho concreto de que la mayoría de los productores--no por su culpa, evidentemente--no posee los conocimientos, elementales, que son necesarios para evitarlos o corregirlos.

2.Muchos agricultores aún practican el mono o ?bicultivo? y consecuentemente obtienen ingresos sólo una o dos veces al año. Es por esta razón, y no por falta de decisiones políticas, que se vuelven tan dependientes del crédito rural; si diversificasen la producción agrícola y la integrasen a la producción pecuaria también diversificada, podrían generar alimentos "balanceados" para la familia y para los animales, además de ingresos, durante los 365 días del año. Con esta medida, tan sencilla pero altamente eficaz, se volverían menos dependientes del crédito y menos vulnerables a otros factores externos adversos ( clima, mercado, plagas, etc ). Soluciones pragmáticas, similares a la diversificación productiva, deberían ser enfatizadas en las escuelas agrotécnicas y facultades de ciencias agrarias; en vez de esperar que los economistas del Banco Central o los parlamentarios del Congreso Nacional resuelvan los problemas económicos de los agricultores. Es preferible eliminar ésta causa de la excesiva dependencia del crédito que contrarrestar sus síntomas o consecuencias, utilizando artificialismos crediticios compensatorios de ésta ineficiencia.

3.La mayoría de los productores rurales, mientras se quejan de la falta de recursos, sobredimensionan y mantienen en la ociosidad importantes inversiones en tierra, maquinaria e instalaciones que producen con bajos rendimientos y permanecen subutilizadas, durante gran parte del tiempo. Si los productores formasen grupos para ejecutar y utilizar en conjunto algunas inversiones ( aquellas que son de alto costo y que son utilizadas con baja frecuencia ) podrían reducir esta distorsión que incrementa, innecesariamente, sus costos fijos. Con los ahorros obtenidos podrían adquirir los insumos que necesitan ( pero que dejan de comprar por no disponer de recursos ) para aumentar los rendimientos y reducir los costos por kilo producido. Idéntico problema ocurre con los animales; los ganaderos suelen poseer una excesiva cantidad de animales mal alimentados, en vez de tenerlos en menor cantidad, pero bien alimentados e consecuentemente más productivos. Estas sub utilizaciones y ociosidades no ocurren por falta de decisiones políticas o por culpa del colonialismo o del neoliberalismo, sino porque los agricultores no han sido formados ni capacitados para practicar el ?asociativismo?, intensificar la producción y mejorar la administración predial; otra vez, la causa del problema y su solución no están en el Ministerio de Economía / Hacienda, sino que en el sistema educativo rural, formal y no formal.

4.Los productores rurales más pobres suelen producir rubros de baja densidad económica que coincidentemente son consumidos por los habitantes urbanos de bajos ingresos, como por ejemplo: yuca, camote, papas, zapallo, maíz, arroz, fríjol, etc. Produciendo estos "rubros consumidos por los pobres", aunque los productores fuesen eficientes y obtuviesen altos rendimientos por hectárea tendrían ingresos muy limitados pues estos cultivos, para proporcionar una mejor ganancia, necesitan de una gran escala de producción, ventaja que los pequeños no poseen. Consecuentemente es necesario capacitarlos para que produzcan rubros diferenciados, más sofisticados y de mayor densidad económica, como por ejemplo: cultivos orgánicos o hidropónicos, hortalizas bajo plástico para producirlas fuera de estación, frutas, flores y plantas ornamentales, champiñones, espárragos y otras hortalizas más sofisticadas, plantones, animales menores, miel, peces, gallinas y huevos criollos, condimentos, plantas aromáticas y medicinales, etc; y ojalá venderlos con algún valor agregado. Con tal reconversión productiva dejarían de vender mucho ganando poco y pasarían a vender poco ganando mucho. La corrección de esta ineficiencia deberá ser enseñada por los agrónomos y zootecnistas directamente en la fincas, en vez de seguir pidiendo que los economistas del Banco Mundial o del FMI lo resuelvan allá en Washington.

5 y 6.Tanto en la adquisición de los insumos como en la venta de sus excedentes, los agricultores actúan en forma individual. Es debido a esta falta de espíritu y ejercicio asociativo, y no tanto por culpa de la globalización ni del FMI, que ellos adoptan procedimientos totalmente contrarios a sus propios intereses, como por ejemplo: en la compra de los insumos los adquieren al por menor, con alto valor agregado y del último eslabón de la cadena de intermediación; pero en la comercialización de sus excedentes, dan un giro de 180 grados y hacen exactamente lo contrario, pues los venden al por mayor, sin valor agregado, al primer eslabón de la cadena. El espíritu cooperativo, la solidariedad y la práctica del asociativismo--necesarios para que los propios agricultores puedan revertir esta doble distorsión--hay que enseñárselos a los niños en las escuelas fundamentales rurales; en vez de seguir echándole la culpa a la OMC o a los países ricos que subsidian y protegen a sus agricultores. Seamos realistas y objetivos, los innecesariamente altos precios de los insumos y los innecesariamente bajos precios de las cosechas se deben, en gran parte, a la excesiva intermediación; y esta, a su vez, se debe al hecho de que los agricultores no han sido formados ni capacitados para organizarse con propósitos empresariales. En vez de mendigar que los supermercados, las agroindustrias o los intermediarios les paguen precios más justos por sus cosechas, los agricultores deberían exigir que el sistema educativo rural les enseñe cómo organizarse para disminuir los excesivos eslabones en la venta de sus cosechas.

Estos seis son los principales problemas solucionables, por los propios agricultores, que con mayor frecuencia afectan a la gran mayoría de ellos; estas son las principales causas ?eliminables? que los provocan y estas son las soluciones posibles. Los problemas, las causas y las soluciones están, principalmente, en las propias fincas, en las comunidades rurales, en los tres niveles de la educación agrícola formal y en los servicios de extensión rural; no vale la pena perder demasiado tiempo buscándolas en Bruselas, en Ginebra, en Washington o en Tokio. Si el sistema educativo rural proporcionase a las familias rurales, tan solamente, las competencias ( conocimientos, habilidades y actitudes ) que necesitan para corregir apenas estas seis ineficiencias, ellas mismas lo harían, reducirían los costos por kilo producido, mejorarían la calidad y agregarían valor a sus cosechas, incrementarían los precios de venta de sus excedentes, se autoabastecerían de alimentos, para la familia y para los animales, y asegurarían ingresos durante los 365 días del año. Si hiciesen tan solamente esto, tendrían mayor rentabilidad, serian más competitivos y además se volverían mucho menos dependientes de las ayudas de sus gobiernos y mucho menos vulnerables a los factores que ellos no pueden controlar (clima, mercado, falta de crédito, subsidios y protecciones de los países ricos, etc ).En fin, sus principales problemas estarían resueltos, por ellos mismos, independiente de lo que decidan o dejen de decidir sus propios gobiernos, los gobiernos de los países ricos, los organismos internacionales, etc. Si es así, por que no hacerlo?
Todo lo anterior significa que estamos conduciendo a los productores rurales a una suerte de "parálisis" al magnificar la importancia de supuestos factores exógenos de desarrollo agrícola que están fuera del alcance de los agricultores y hasta de sus respectivos gobiernos; y, mientras tanto, estamos subestimando la urgente necesidad de efectuar una profunda reforma en el sistema de educación rural, la cual dicho sea de paso, está al inmediato alcance de los más empobrecidos y ?desfinanciados? gobiernos.