lunes, 25 de abril de 2011

DIEZ CONCLUSIONES EN MEDIO DE LA TEMPORADA INVERNAL



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo



Con la fuerte temporada invernal que en estos momentos tiene en crisis varias regiones del país, quedan varias conclusiones. Dejo, por el momento, diez para considerar:


La primera, que el modelo de desarrollo extractivo y poco amable con la naturaleza, hizo crisis y que es urgente pensar en revertir procesos y repensar la relación H-N. Para ello, bien podría servirnos mirar las lógicas y cosmovisiones de comunidades negras e indígenas que de tiempo atrás mantienen una relación consustancial con la Madre Tierra. Si la tecnología y la técnica nos han permitido afectar de tal manera ecosistemas estratégicos y frágiles, ellas mismas deben servirnos para replantear ciertas actividades antrópicas que claramente ponen en riesgo la vida y las características de ciertos ecosistemas y por ese camino, la calidad de vida y la vida misma de millones de seres humanos.


La segunda, que al no tener una idea consolidada de Estado y un sentido de la responsabilidad de quienes fungen como funcionarios públicos, especialmente dentro de entidades como las CAR, responsables directos del manejo de las cuencas hidrográficas. Directores y demás funcionarios de dichas entidades actúan no con criterios técnicos y científicos, sino con la actitud propia de funcionarios nombrados bajo esquemas clientelares, dispuestos para beneficiar a empresas y a particulares poderosos, en el marco de una idea de desarrollo a todas luces equívoca, a juzgar por los claros efectos negativos que deja esta y la anterior temporada invernal en Colombia y que como siempre, afecta a los menos favorecidos.


La tercera, que hay total incapacidad del Estado para responder con eficiencia y efectividad ante eventos catastróficos. La actitud negligente de alcaldes y gobernadores, sumada a la inexistencia de una política ambiental nacional, son muestras fehacientes del carácter y el talante privatizado de un Estado débil y precario como el que hemos construido de tiempo atrás.


La cuarta, que mientras no se castigue ejemplarmente la falta de previsión, la ineptitud y en general la negligencia de alcaldes, gobernadores y de funcionarios de las CAR, una y otra vez se repetirán las tragedias que hoy lamentamos. Es urgente que la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República revisen y esculquen las actuaciones de unos y otros, para determinar responsabilidades. Ya es hora que se castigue la irresponsabilidad de los funcionarios públicos que por acción u omisión han permitido el deterioro ambiental y las graves consecuencias dejadas hasta el momento por la ola invernal.


La quinta, que es urgente desmontar las redes clientelares enquistadas en las CAR y buscar reformarlas de tal manera, que sus funciones vayan encaminadas a establecer mejores relaciones con disímiles ecosistemas, bajo una nueva idea de desarrollo sostenible.



La sexta, que los particulares y cada uno de los ciudadanos colombianos, junto a organizaciones de la sociedad civil, actuemos con responsabilidad y demandemos de las autoridades ambientales el cumplimiento de los marcos legales ambientales. Hay que presionar y exigir a quienes han puesto el Estado al servicio de sus propios intereses y al de poderosos empresarios.


La séptima, que la Universidad y en general las asociaciones de profesionales (ingenieros ambientales, ambientalistas y planificadores, entre otros) vigilen de cerca el actuar de las CAR, de los alcaldes y gobernadores y del propio gobierno central, y demanden acciones concretas que eviten los estragos que hoy dejada la temporada invernal.


La octava, que es necesario revisar a fondo la política agraria en Colombia. Es hora de replantear las prácticas de monocultivo, especialmente aquellas que tienen mayores impactos en ríos y quebradas. De igual manera, lo que tiene que ver con la potrerización de vastas y frágiles zonas,


La novena, que es clave empezar a discutir políticas de poblamiento en aras de bajar la presión que actualmente se ejerce sobre zonas de ladera y ecosistemas de montaña. Por ello es clave un plan de ordenamiento territorial ambiental, que convine las necesidades económicas y sociales y en general el bienestar humano, y el conocimiento de las lógicas de complejos ecosistemas naturales.


Y la décima, hay que enfrentar con celeridad la pobreza que abraza a millones de colombianos. Al vivir en aquellas circunstancias, millones de compatriotas quedan a merced de furiosos ríos y quebradas, víctimas a su vez, de actividades antrópicas insostenibles. Hay que reubicar barrios y veredas, pero sobre todo, garantizar una vida digna a quienes hoy viven en condiciones de pobreza y fragilidad.



Adenda: ¿en ocho años de gobierno qué hizo Uribe Vélez por el país en materia de planificación urbana y política ambiental? Nada. Fueron dos periodos de clientelismo, de burda corrupción política y de desmonte del Estado social de derecho. Y pensar que existen aún colombianos que creen que ha sido el mejor Presidente de Colombia…

martes, 12 de abril de 2011

Contra el utilitarismo ( José Enrique Rodó en la critica a la “cultura” por Mario Vargas llosa)

Por Victor Manuel Nino


La conferencia "Poder y Educación Superior" a cargo de Mario Vargas Llosa, el pasado mes de marzo(2011), organizada por la UAM (Universidad Autónoma de México) tocó principalmente tres tesis : “las tercas especializaciones” universitarias como elementos destructores de la comunicación social; “El encuentro de las vocaciones” en los estudiantes como elementos constructores de la armonía social y como función de la universidad, y el cultivo de “las humanidades” (entre ellas principalmente la literatura) como bases constructoras también del desarrollo social que no debe ser estrictamente utilitario.

Estas tres tesis, sin exagerar, están acaso relacionadas con el ideal que sembró José Enrique Rodó en los intelectuales latinoamericanos: el ideal de Ariel que no precisamente sería su interpretación clásica Ariel, Calibán (Estados Unidos, Latinoamérica)que tantos tratados suscitó, sino la crítica de Rodó a la especialización en la educación y su ideal de la perfección de las humanidades y las artes en la cultura latinoamericana como base de su independencia y porvenir ; y esta formulación de Rodó está dada desde su visión del aislamiento de las sociedades latinas ( virreinatos) hasta su integración primera por medio de la cultura, pues es un axioma que una integración política económica de Latinoamérica despierta un gran recelo de las hegemonías potenciales del mundo, que siguen teniendo “espíritus de taifas” de división hacia el continente latino (divide y los tendrás), y con la no menos complicidad de aquellos que todavía siguen teniendo el espíritu de aquellos que construyeron sus “Insulas de Baratavia” no habiendo aun concluido la independencia de España.

Entonces no serían casuales las críticas de Vargas Llosa a los nacionalismos y sobre todo a los nacionalismos latinoamericanos, y que se hacen más perniciosos cuando estos nacionalismos vienen teñidos de cultura ( en un ejemplo reciente, la supuesta existencia de una intelectualidad Argentina, formulada desde un dogmatismo: el dogmatismo “intelectuales kirchneristas”;aun los nacionalismos formulados por políticos populistas de izquierda y derecha). Cuando la “cultura” se hace nacional, se burocratiza, y la burocratización de la cultura es la peor de las atomizaciones o partículas desintegradoras.

En el caso de las humanidades su atomización en Latinoamérica viene estructurada desde ese “espíritu de taifas” con el que se ha pretendido hacer imposible una “integración democrática, pacífica y solidaria de América latina. Esa atomización consiste en el profundo desprecio por la cultura que han manifestado las elites y los sucesivo gobiernos de las “Insulas” o “republique tas”, desprecio manifestado en muchas formas y de las cuales las principales están en las continuas proliferaciones de las universidades e instituciones privadas que encarecen la educación y le quitan la responsabilidad de los Estados a educar; el desprecio de una sociedad por la cultura que se ha hecho estrictamente utilitaria y ha fomentado la incomunicación y el vocabulario tecnócrata a altos niveles. En las Universidades el cultivo de las humanidades tienen ese elemento desintegrador principalmente con la adopción de los nacionalismos en carreras como literatura , traducido en las especializaciones de intelectuales que se dicen llamar “colombianistas” argentinistas “Ecuatorianistas” etc.. entonces no es casual especialidades como literatura colombiana, literatura argentina etc. y un abandono de los estudios integradores como las “antologías continentales” , sin contar la inundación de bibliografía que recae sobre los pobres estudiantes que no alcanzan a asimilar un solo libro de lo leído, de manera que cuando un profesor de literatura ejerce en el bachillerato, reproduce este aluvión que da como resultado el desprecio de la lectura en la sociedad. En filosofía los estudios se complican , pues los estudiantes se enfrentan a especializaciones más nefastas sin contar con el autoritarismo profesoral y el desatinado estudio de la “historia de la filosofía” lo que lleva a que los estudiantes no se enfrenten en grupo a los textos clásicos y así posibilite un dogmatismo que se irá a reproducir en el bachillerato.

Estas generalizaciones caben también en las carreras de Historia” solo que esta es más ideologizada en las universidades latinoamericanas en su apego a las teorizaciones que se fragmentan en especializaciones, regionalismos, nacionalismos. Así las cosas, las humanidades padecen de problemas que solucionar en una universidad que se hace utilitaria y opuesta a las humanidades. En Latinoamérica tenemos una universidad privada fuerte que debilita tremendamente la universidad pública y le impide su desarrollo democrático que es el de brindar educación gratis y de calidad. La universidad además siempre ha sido de corte profesionista y no desarrolla la investigación y la tecnología (lo que explica el nulo aporte latino a la ciencia y a la investigación y la ausencia de premios nobeles en estos campos) que es el bastión de los países desarrollados. No se puede formular desde una universidad de corte autoritaria o profesionista, una fundamentada critica a la tecnocracia que desarrolla las especializaciones, y más si la tecnocracia en las humanidades se fundamentan en un utilitarismo no desarrollado desde una investigación.

La crítica del premio nobel portugués de literatura José Saramago a los Estados que se han convertido en meros Estados policivos, en donde la mano invisible y la tecnocracia de especialistas del Estado pululan, apuntan a esto. La crítica de Rodó a las especializaciones en su “Ariel” están formuladas como las del premio nobel Vargas Llosa, desde una generalidad, lo mismo que en “Motivos de Proteo” el llamamiento a ejercer “la voluntad”. Para Rodó como en Grecia Antigua, el talento debe residir en el cultivo de todas las facultades humanas : razón e instinto; las fuerzas del espíritu y las del cuerpo; idealidad y realidad; lo mismo que para Vargas Llosa, lo que la Universidad niega: “espíritus muy capaces bajo un aspecto único y monstruosamente ineptos bajo todos los otros”(Rodó). La interpretación Rodoniana maniqueista entre solo instinto y razón no tienen cabida aquí.

Ignoro si en Vargas Llosa esta critica tendrá las consecuencias esbozadas aquí y si su postura “liberal” está compaginada con una universidad que sea del Estado, pero si obviamente “neutral” y con libertad de cátedra e investigación.

*Escritor

viernes, 18 de febrero de 2011

Nuevo paramilitarismo busca tomarse Bogotá

Desde la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), hace siete años, se le ha dicho al país que los grupos paramilitares han dejado de existir. Inclusive, el comandante de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, define los ejércitos que se mueven por el país como bandas criminales, o bacrim, afirmando que “sería un gran error premiar a los narcos dándoles ropaje político”. Sin embargo, informes de organizaciones de derechos humanos señalan que estos ejércitos siguen desplazando comunidades y cometiendo asesinatos selectivos, manteniendo algunos de ellos alianzas con políticos regionales y estrecha relación con el narcotráfico. La capital del país no es ajena a esta realidad nacional y está sometida al control de estos grupos en algunas zonas, los altos índices de impunidad así lo evidencian.
Bogotá alberga a más de ocho millones de habitantes y recibe diariamente a más de doscientas personas desplazadas. Es una ciudad difícil de controlar, pero al mismo tiempo es un lugar propicio para actividades criminales como el reclutamiento, la venta de drogas, el control de la prostitución, el lavado de activos y otras actividades delincuenciales. Además, es estratégica como ciudad de paso de armas, dinero, insumos y medicinas para distintos grupos armados. Como consecuencia, la ciudad vive guerras y alianzas entre los grupos que buscan controlarla que, según Medicina Legal, dejaron 1.440 muertos en la capital en 2009 y 1.773 en 2010, en una clara tendencia al aumento.
En un informe de 2009, la Corporación Nuevo Arco Iris afirma que en la capital hacen presencia grupos como el Ejército Revolucionario Popular Anticomunista (Erpac), con presencia en Soacha, Tunjuelito, San Cristóbal y el municipio de La Calera; Los Rastrojos, que actúan en Soacha; las Águilas Negras, con presencia en Ciudad Bolívar, Soacha, Engativá, Fontibón, Suba y Usaquén; el Bloque 'Héroes de Castaño', con estructuras en Bosa; y los hombres del 'Loco Barrera', con presencia en Cota y La Calera. De acuerdo con el documento, estas organizaciones narcoparamilitares se encuentran en los extremos de la ciudad y controlan la entrada y salida de drogas de Bogotá.

Muy ocupados...
Hoy, las estructuras mencionadas en el informe se han afianzado y no sólo controlan la periferia de la ciudad sino diversos puntos claves a su interior. Sin embargo, hay una determinante en el desarrollo de la guerra: las acciones de las autoridades. Desde 2009 se pueden apreciar un aumento de extinciones de dominio y acciones policiales a estructuras del Erpac y del 'Loco Barrera', cuando la prioridad para combatir a otros grupos paramilitares y narcotraficantes no fue tan alta como la que recibieron estos jefes mafiosos.
El 25 de diciembre apareció muerto en un río alias 'Cuchillo'. A su muerte antecedieron los arrestos de dos hombres poderosos en la organización que comandaba: William Olaya González alias 'Robin', en 2009, y José Covey Romero, en 2006. Así mismo, la captura de cuarenta integrantes del Erpac en Meta, Guaviare y Bogotá en 2009. Por otra parte, en Bogotá se le practicó extinción de dominio a setenta y cuatro bienes del 'Loco Barrera'. Paradójicamente, para los demás grupos que actúan en la capital las acciones de la Fuerza Pública en su contra no podrían ser calificadas sino de esporádicas.
Después del proceso de desmovilización, las estructuras de 'Cuchillo' y el 'Loco Barrera' recibieron mayor atención de las autoridades en todo el país y Bogotá, lo que permitió el posicionamiento de otras mafias dedicadas a diversos tipos de delitos, entre ellos la venta de drogas al menudeo y la extorsión, con la complicidad de ciertos elementos dentro de la Fuerza Pública. Específicamente, en zonas como Chapinero, Santa Fe, Ciudad Bolívar y el Siete de Agosto se evidencia la complicidad de las autoridades y la libertad de las mafias para actuar.

Las mafias del siete
Juan*, miembro de la familia más tradicional de expendedores de narcóticos en el Siete de Agosto –que vende marihuana, bazuco y cocaína desde hace más de veinte años–, asegura que hay patrulleros “chéveres” que lo dejan trabajar. Sin embargo, cerca de los prostíbulos de la calle 68 con carrera 22, los expendedores de la zona corren otra suerte, pues cada vez que cambian los dueños del gran comercio, de las 'líneas' de venta de droga, algunos de ellos resultan muertos.
En Bogotá, las estructuras locales bien organizadas, como la familia de 'Las Monas' en el Siete de Agosto, resultan atractivas para los dueños de las líneas, por lo que no les resulta conveniente arremeter contra ellas sino tratar de controlarlas. Otra suerte corren los expendedores casuales, como los jóvenes que venden bazuco y cocaína a la salida de los moteles, ya que se convierten en carne de cañón de las mafias cuando éstas se enfrentan entre sí. Es claro que para los verdaderos dueños del lucrativo negocio ellos son prescindibles.
En Chapinero, no muy lejos del Siete de Agosto, el expendio y consumo de drogas es preocupante. A menos de doscientos metros del CAI de la Policía ubicado en la calle 60 con carrera 7, durante los fines de semana, más de ciento cincuenta personas consumen y trafican drogas. Carlos*, vendedor de droga de la zona, afirma que los uniformados son quienes administran quién vende y quién no, y explica así la existencia de los expendios de la avenida Caracas, que han funcionado turnándose desde hace más de quince años. Lo más preocupante es que están apareciendo otras 'ollas' en la zona, como es el caso de un local en la calle 64 con carrera 16, a dos cuadras de la Fundación Universitaria Los Libertadores y de varios prostíbulos en los que se venden también estupefacientes.

Los terrenos de 'Los Boyacos'
En el centro de la ciudad, según fuentes de este periódico, el grupo conocido como 'Los Boyacos' tiene una 'oficina de cobro' en uno de los prostíbulos de la calle 22 con carrera 15, desde donde se coordinan sus actividades delincuenciales. Además, de acuerdo con información de la Secretaría de Gobierno, el conocido 'zar de las esmeraldas' Victor Carranza, otrora investigado por conformación de grupos paramilitares en el occidente de Boyacá, habría adquirido un gran número de las casas de empeño del centro de la ciudad y Chapinero, negocios reconocidos por ser usados para lavar dinero.
La influencia del controvertido esmeraldero en la vida capitalina son registradas también por la Corporación Nuevo Arco Iris, que afirma que la disputa entre el grupo de Carranza, de un lado, y las organizaciones de 'Cuchillo' y el 'Loco Barrera', del otro, tuvo efectos en “Bogotá y su entorno”.
En Usaquén, los habitantes de los cerros ubicados al oriente por la calle 160 afirman que las bandas armadas que se han tomado las calles actúan en complicidad con militares retirados y obedecen a Carranza. Su objetivo sería sacar a los líderes comunales de los barrios, amedrentar a los pobladores y desvalorizar los inmuebles mediante la violencia para especular con los terrenos. Esta misma zona, según el mapa de Nuevo Arco Iris, se ha mantenido una presencia continuada de las Águilas Negras, en barrios que, curiosamente, coinciden con las que ahora controlaría la organización paramilitar de 'Los Boyacos' .

Las redes del terror
Desde la casa de Julio*, desmovilizado de las AUC que vive en Ciudad Bolívar, se puede observar cómo una anciana sobrevive vendiendo bazuco a decenas de jóvenes. Afirma Julio que una vez la Policía se la llevó detenida, pero que desde entonces los uniformados sólo pasan para 'hacerle visita'. Daniel*, desmovilizado de las FARC que vive también en Ciudad Bolívar, asegura que en los colegios a los que asisten desmovilizados se presentan personas ofreciendo 'trabajo' con los paramilitares y que el Erpac es el reclutador.
En Bogotá, desde el cuestionado proceso de desmovilización, la acción de los grupos paramilitares sigue haciéndose sentir no sólo a través del control de diversos negocios ilícitos sino también con la continua aparición de panfletos intimidante, por las mal llamadas 'limpiezas sociales' y por las amenazas que estos grupos emiten contra decenas de organizaciones sociales, defensores de derechos humanos, estudiantes y personalidades públicas, como Piedad Córdoba e Iván Cepeda. A pesar de las reiteradas denuncias, las autoridades siguen sin dar con los responsables.
Los preocupante de la situación en Bogotá es que las autoridades minimizan el problema al darle el mismo tratamiento que a un fenómeno de delincuencia común y no asumirlo como una situación que se genera en las propias instituciones. La existencia, durante más de veinte años, de decenas de 'ollas' en la ciudad demuestra no sólo la alta corruptibilidad de los uniformados, cuando detrás del Batallón de Policía Militar número XIII, o PM13, se encuentra la olla más grande de la capital y cuando en cercanías de algunas estaciones de Policía y plazas de mercado, como la Central de Abastos de Bogotá, se han ido consolidando importantes estructuras dedicadas a la venta de drogas y a la expansión paramilitar en decenas de barrios.
Esto hace pensar, ante el crecimiento del fenómeno mafioso en la ciudad, que bien podemos estar ante una situación que esté copando la capacidad de acción de los uniformados, que se repliegan y permiten el crecimiento de estas bandas, o que hay una estructura que permeó desde hace mucho a la Policía de la capital del país y que cuenta con poderosas relaciones en altas esferas del poder.
Fermin Romero
EL TURBION

jueves, 3 de febrero de 2011

LAS CELEBRACIONES DE LOS PARAPOLÍTICOS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Con el cambio de prisión del ex senador Juan Carlos Martínez el gobierno pretende acallar y minimizar el escándalo por los cotidianos ‘ágapes’ que realizan los llamados parapolíticos al interior del centro de reclusión.

Pero más allá de la decisión, lo que hay que revisar a fondo es el régimen penitenciario en Colombia, su aplicación formal y real, así como la valoración y el tratamiento que hacen y dan los funcionarios del INPEC a este tipo de políticos investigados, detenidos y juzgados por nexos con paramilitares. Y de igual manera, lo que hay que hacer es develar las finas relaciones que aún mantienen no sólo políticos como Martínez y Cáceres, protagonistas de recientes ‘violaciones’ al régimen penitenciario, en sus regiones, pues desde la cárcel apoyan lo que sin duda puede considerarse como una ‘nueva clase política y social’, que emerge de la incapacidad del Estado y de una sociedad permisiva con el crimen.

¿Quién ordena los especiales tratamientos que reciben los parapolíticos? ¿Sabe algo el alto gobierno? No creo que se trate sólo del incumplimiento del deber por parte de guardianes y directores de prisiones. Hay algo más. Quizás miedo en aplicar las laxas normas de un régimen penitenciario aplicado por una institución desprestigiada. O simplemente obedecen a esa perversa admiración que amplios sectores de la sociedad civil y de la clase política nacional profesan por quienes se atrevieron a refundar la patria, asegurando la cooptación del Estado y la criminalización de la diferencia.

El pabellón de los parapolíticos y las actuaciones del INPEC frente a los ‘relajos’ cometidos por los ‘valiosos’ internos, representan los valores democráticos, la ética pública y el sentido de la política con los cuales los partidos políticos, algunos empresarios y la clase dirigente le abrieron las puertas al paramilitarismo, para que juntos, construyeran una sociedad acorde con los intereses y objetivos de los paramilitares.

Colombia es un país que admira lo hecho y lo actuado por los criminales de las AUC. Somos una nación que considera y acepta que las reuniones entre políticos y paracos aportaron al mejoramiento de la seguridad, puesto que el proyecto conservador y autoritario que encarnaba Uribe Vélez desde su paso por la gobernación de Antioquia, pudo ponerse en marcha justamente por el apoyo recibido por más del 35% del Congreso que en 2002 construyó afinidades y firmó acuerdos ideológicos y programáticos con Mancuso y los Castaño, entre otros asesinos.

Entonces, no nos debemos alarmar por las fiestas y los bacanales que programan los parapolíticos, como tampoco por el evidente contubernio que existe entre éstos y sus ‘carceleros’. Por lo que realmente debemos sorprendernos es por la consecuente paramilitarización de los valores ciudadanos que se entronizaron durante los ocho años del gobierno de Uribe.

Con el paramilitarismo se consolidaron prácticas intolerantes que de tiempo atrás sirvieron a élites políticas y económicas interesadas en hacerse al control del Estado, para mantener y extender sus proyectos económicos, estableciendo alianzas con grupos al margen de la ley. Por ello, los ‘relajos’ en el pabellón de los parapolíticos son simples celebraciones de lo logrado: refundaron la patria, cooptaron el Estado y nos convirtieron en una sociedad intolerante, abyecta y criminal.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Comités Cívicos contra la delincuencia en Latinoamérica

Por Víctor Manuel Niño*

En un artículo titulado “tres hermanas de sangre” (http://www.elpais.com/articulo/reportajes/hermanas/sangre/elpepuintlat/20101017elpdmgrep_4/Tes), refiriéndose a tres ciudades latinoamericanas donde la inseguridad (delincuencia común y organizada) es tan alarmante como otros fenómenos sociales que pueden ser causas de estas: marginalidad, precariedad educativa, desidia de estado etc. La delincuencia es un fenómeno social que ha surgido no por espontaneidad, sino por desidia y como reflejo de los sucesivos gobiernos personalistas que han escondido este problema social, como si fuera algo indigno de su ocupación, pero que es tan relevante como la política internacional, que impide toda convivencia social, que al menos es a lo que puede aspirar los inermes ciudadanos y los campesinos.
La delincuencia proliferante en Latinoamérica como consecuencia de años y años de exclusión y marginalidad de parte del Estado, si debe estar entre la agenda de los gobernantes pero no solamente con las armas del positivismo y lo policial, sino con las armas de la Justicia Social y el Conocimiento. La contextura mental del L.A. a través del siglo pasado ha crecido con la fuerza de la represión, la simulación y la ignorancia. Esta es un espejo del Estado: el reflejo de una sociedad, se percibe , esencialmente como una negación o desconocimiento de la sociedad, porque las instituciones de la sociedad se han dormido en el presente utilitario; las gentes se han convertido en medios para fines de otra gentes. El inmediatismo se ha tomado a la sociedad y el utilitarismo es la bandera de los Estados. Los académicos: historiadores, sociólogos y demás, salen de una universidad miopes a los designios de la sociedad, estorbos en el desenvolvimiento de la sociedad, pues el estudio primero de los fenómenos sociales debe deberse a ellos; en lugar de eso son los sofistas actuales . Las gentes deben aprender a protestar, deben aprender a denunciar desde lo más particular: deben denunciar también la delincuencia de las instituciones del estado, de los parásitos que han carcomido al estado: deben aprender a escribir y a descubrir las causas que están carcomiendo la sociedad y actuar en consecuencia; el sentimentalismo y la irracionalidad se han tomado la sociedad pues al parecer la delincuencia de estado (corrupción, vicios políticos, peculados, robos programados a las arcas del estado, violencia de género etc.) se parecen mucho a esa otra delincuencia que mata por unas monedas a algún desprevenido ciudadano. La verdad estos presidentes parece que medran bien en esta caos ¿Quiénes son los beneficiarios de este caos: el amarillismo, el sensacionalismo, las cortinas de humo que se levantan para mantener a las gentes sofocadas, como en Guatemala que no se cansan de lanzar “estados de excepción” ante los males sociales y que debe primar solo cuando la soberanía nacional esté en peligro. Como dice Marcelo Ebrard de México: el corazón del problema es la exclusión social; no se debería declarar “estado de excepción” sino “estado de incomprensión social” ¿Cómo puede la gente común, desplegar un movimiento ante la inercia de las instituciones o su accionar siempre positivo, factico y policial? Eso es necesario, pero es la alternativa en un estado más cercano al bienestar. Ante esta miopía y contra toda violencia de estado y particular, más bien los gobiernos deben declarar un “estado de incomprensión social”. Ante esta inercia, el ciudadano común interesado debe participar ubicándose en una cercana observación de estos fenómenos. Solos como estamos, pues las universidades se han convertido en los floreros de la sociedad, la gente debe iniciar conformando en sus barrios o sectores habitacionales, comerciales etc. “comités cívicos de observación” y que deben aunque internacionalizar, previniendo reacciones irracionales. Ante esto, documentarse primeramente haciendo un mapa de la tipología de la delincuencia que se ha tomado la Ciudad o el país, por ejemplo, cuales son las modalidades más usadas de la delincuencia: atracos a mano armada, robos, secuestros, violencia de género. Nos tocaría volvernos buenos detectives intelectuales: hacer un perfil del delincuente y tratar de establecer una causa positiva de la aparición de esta modalidad particular de delincuencia ( también puede entrar en las tipologías de delincuencia, la corrupción política que es la causa numero uno de la otra delincuencia).Establecido esto, investigar la tipología de delitos que tiene el código policial y establecer la analogía que el delito que tipificamos. Por e ejemplo en Colombia ( no sé si todavía existe eso) todo delito de hurto que no pase (establezcamos el monto en Euros) de cerca de 2000 £ es excarcelable, o sea que eso deja vía libre a la proliferación de esta tipología de delincuencia. El ciudadano tiene derecho a conformar “comités cívicos” para protestar contra aquellas instituciones que sean permisivas contra la delincuencia. En última instancia, las leyes las tienen que establecer los ciudadanos y canalizarlas consecuentemente en las instituciones del Estado.
Dentro de la delincuencia organizada es al parecer el “narcotráfico” el que mayor daño le ha hecho a las sociedades pues también de ahí surgen otros delitos de la “delincuencia común” y la caída de la sociedad en la desmoralización.
Latinoamérica es un continente de gente joven y de grandes desigualdades ( en comparación a Europa) y es donde por este motivo las incidencias a los problemas sociales son mayores. “El narcotráfico” en si no es una causa sino un efecto, y por ende no se debe combatir como lo están haciendo estúpidamente en México (apoyados por EEUU, que han sido grandes receptores del consumo), convertido en una guerra para sacar el país de la violencia, sabiendo que la violencia engendra más violencia, y en política, una política llevada al rango de amigo y enemigo es autoritaria . La delincuencia en sí, es un efecto de la caída en una profunda “marginalidad”. Combatir la delincuencia organizada positivamente conlleva un compromiso de todas las instituciones de la sociedad y no se puede convertir en una causa privatizada, porque sucede lo que sucedió en Colombia y a grandes miras a eso se debe el destrozo de Haití. La privatización de las instituciones de la sociedad, junto con el positivismo (Es decir, se combaten los efectos y no las causas) es lo que mayor daño le ha hecho a la sociedad. Pero la privatización que más le ha hecho daño a las sociedades, es la privatización de la educación superior. Eso ha abierto grandes brechas en la secularización de un Estado de grandes desigualdades. La sociedad carece de profesionales preparados para afrontar los problemas que esta genera, pues la universidad está al servicio de la empleomanía y la robotización. La sociedad se está convirtiendo en idiota útil de una gran mercantilización. Hoy por hoy el espacio europeo de educación superior va por ese camino siguiendo el modelo norteamericano y con ellos están uniformando la educación en Latinoamérica con los foros europeos y latinoamericanos realizados en México y en España. El Poder Judicial, también ha caído en ser un guardián de la mercantilización de la sociedad; las cárceles se llenan de gentes y el caos reina.
*Escritor