viernes, 20 de febrero de 2009

LA ÉTICA PÚBLICA EN COLOMBIA: PROSCRITA E INÚTIL

Por Germán Ayala Osorio, profesor Asociado y politólogo de la Universidad Autónoma de Occidente, Cali- Colombia



El clientelismo y la corrupción[1], pública y privada, alcanzan en Colombia el carácter o quizás el estatus de ‘instituciones’, arraigadas en lo más profundo de la ‘ética’ tanto de los políticos, empresarios, élites, ciudadanos del común, y por supuesto, de los funcionarios del Estado.

El caso del director de INVÍAS, Daniel García Arizabaleta, llama la atención porque a pesar de los reiterados fallos y pronunciamientos del Ministerio Público, el funcionario insiste en su inocencia y lo más grave, el Presidente lo mantiene en el cargo a través de un sospechoso y retador silencio. En el fallo, la Procuraduría lo inhabilita por 12 años para ejercer cargos públicos, por modificar a su amaño y beneficio el manual de requisitos para ejercer los cargos de director de Coldeportes y de INVÍAS. Sin duda, un acto de corrupción que comprometió la legitimidad del Estado en el momento en que se ejecutaron -y se ejecutan aún- proyectos viales a cargo de García Arizabaleta y del propio Instituto.

Más allá del fallo del Ministerio Público lo que debe llamar la atención es la ética de los servidores públicos y el mal ejemplo que envía Uribe Vélez al mantener en el cargo a García Arizabaleta, lo que se entiende como una falta de respeto hacia la Procuraduría y hacia el propio procurador Ordóñez.

Quedan varios mensajes claros: desde la Casa de Nariño se legitiman prácticas nocivas que ponen en jaque la ética pública, lo que se traduce en que es éticamente correcto ajustar la ley, la constitución, las reglas de juego y claro, los manuales, a los intereses particulares de aquellos que deben dar ejemplo pues exhiben la investidura de funcionarios públicos.

El otro mensaje se expresa en el evidente conflicto institucional que está detrás del retador silencio del Presidente: al gobierno nadie lo vigila, nadie lo controla y a sus funcionarios nadie los toca.

No avanzaremos en la construcción de un mejor país cuando desde la Presidencia se validan estos comportamientos. Lejos estamos de lograr convivir en armonía cuando el más elemental de los principios, el de respetar la vida del otro, quedó proscrito por cuenta de los mal llamados ‘falsos positivos’ (léase crímenes de Estado) y por la orden presidencial que ordenada acabar con los sujetos de la ‘Oficina de Envigado’.

Por ello quizás resulte insignificante, una verdadera nimiedad, lo que hizo el Director de INVÍAS. Sin duda, así se valora en disímiles espacios privados y públicos. Incluso, algunos congresistas lo señalan como un simple error.

De nada servirá acabar con los bandidos de las FARC si quienes se señalan y se ubican en el bando de los ‘buenos’, insisten en jugar con la ética, en acomodar la ley para su beneficio. Un primer paso sería revisar el lenguaje pues con él desnudamos la ética que sostiene nuestras actuaciones. Y en el uso del lenguaje, Uribe ha advertido públicamente que en cuestiones éticas los principios resultan no sólo acomodaticios, sino que pueden en cualquier momento ser proscritos, a juzgar por expresiones y señalamientos como ‘Frente Intelectual de las Farc’, ‘Acábenlos y por cuenta mía’, ‘Terroristas vestidos de civil’, ‘Hay que guardar el gustico para después del matrimonio’, ‘Marulanda manda razones de que no puede asistir a reuniones porque si sale de la selva le darían una matada. Pues intuye bien’; y ‘estoy berraco cuando lo vea le voy a dar en la cara marica’…

No se puede llevar una vida ética y comunicativamente responsable cuando a los otros no los reconocemos como interlocutores, como seres humanos que pueden pensar distinto. Rechazar el diálogo abierto y sincero entre actores distintos, entre la sociedad civil y el Estado, entre diversas instituciones oficiales y las organizaciones sociales se entiende como una acción política, ética y comunicativamente incorrecta.

Mientras existan instituciones como la corrupción y el clientelismo, así como las poco ortodoxas conciliaciones que se dan en el Congreso, que terminan beneficiando a determinados grupos políticos, o un mandatario en particular; mientras la aplicación de justicia por fuera de los mecanismos legítimos (justicia privada), sea una práctica validada por funcionarios del Estado y por los ciudadanos; y se mantengan prácticas excluyentes que impiden a grupos sociales interesados en lograr, a través de la movilidad social, un mejoramiento en sus condiciones de vida, la ética pública no dejará de ser un concepto inútil tal y como se concibe hoy en las huestes del INVÍAS, o en los casos específicos de Carimagua, los ‘falsos positivos’, la yidispolítica…

[1] La corrupción, sus mecanismos, su operatividad y especialmente, su aceptación social, pueden estar asegurándole ese carácter de institución.

miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Impunidad para soldados del Plan Colombia?

Por: Vanessa Morris
Cuando la señora Olga Castillo Campos confrontó a los dos soldados estadounidenses que servían en el marco del Plan Colombia y que drogaron, acosaron y violaron a su hija de 12 años, la respuesta de éstos fue: “sí, la violamos, ¿y que?, estamos en Colombia, la ley no nos afecta”. Ellos demostraron estar en lo correcto.
En la noche del sábado 26 de agosto de 2007, luego de usar el baño en un restaurante, la hija de 12 años de la señora Castillo fue forzada por dos hombres, identificados como Michel J. Coen y César Ruiz, a beber un líquido amarillo que la incapacitó dentro del establecimiento. Los dos hombres la llevaron a sus barracas, ubicadas en la base de la Fuerza Aérea de Tolemaida, lugar en el que la violaron, para luego arrojarla en un parque la mañana siguiente.

Justicia local
Desde entonces, la señora Olga Castillo Campos se embarcó en la búsqueda de justicia en el caso de su hija, denunciando este triple crimen de intoxicación, secuestro y violación a una menor ante la Fuerza Aérea, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía y la Corte Suprema de Justicia. Todo fue en vano.
De forma irónica, en vez de ser ayudadas, a las victimas se les ha causado más sufrimiento. El Estado las ha hecho pasar de un órgano oficial al siguiente, han sido amenazadas y tanto sus pedidos de protección como de reubicación han sido rechazados por la Policía.
A nivel internacional, se han convertido en presa de la coerción que se ejerce desde la embajada estadounidense. El 25 de septiembre de 2008, un investigador de los Estados Unidos identificado como Jhon Ramírez contactó a la señora Castillo Campos. De manera infructuosa, el investigador intentó sobornarla con una suma de dinero y presionarla a que firmara un documento incomprensible para ella, al estar escrito en inglés. Sin embargo, su inquebrantable afán de justicia frustró los intentos del funcionario estadounidense.

Más casos de abuso
El caso de la señora Castillo no es el único incidente: encaja en un patrón de crímenes cometidos por soldados estadounidenses que prestan sus servicios en el Plan Colombia. En 2006 fueron reportados 23 casos de abusos sexuales cometidos por soldados estadounidenses en servicio y 14 más en 2007. Además, en 2004, soldados y técnicos provenientes de EE.UU. produjeron videos pornográficos de adolescentes colombianas que fueron vendidos por $10,000 pesos cada uno. Por otra parte, en 2005, militares estadounidenses fueron sorprendidos vendiendo munición a las FARC y, en el mismo año, se sorprendió a otro grupo de militares vendiendo munición a grupos paramilitares.

Tratado de inmunidad
Los Estados Unidos tienen privilegios por ser un Estado hegemónico y sacan ventaja por ello. De esta manera, condicionan promesas de ayuda militar y de recursos con cláusulas especiales. Así, el Estado colombiano firmó el Acuerdo de Misiones Militares en 1975, garantizando inmunidad para el personal militar estadounidense y para los contratistas que operen en suelo colombiano a cambio de la ayuda militar y financiera. La señora Castillo Campos no tiene nada que ver con este acuerdo, por ello, de forma incesante, busca justicia en Bogotá, mientras sus hijas son cuidadas por sus familiares.

Justicia Internacional
La manera de justificar que los militares no sean procesados en Colombia es que éstos lo serían en el sistema judicial estadounidense.
Aunque se asuma que los militares y contratistas sean juzgados en los Estados Unidos, hay un impacto negativo en las victimas colombianas. El procesar un crimen en jurisdicción rextranjera no responde a las demandas físicas y emocionales de las víctimas, ya que éstas no tienen la oportunidad de estar presentes en la corte y declarar para así ser oídas, lo que sirve para validar su testimonio. Michael Coen, uno de los perpretadores del crimen contra la familia Campos fue retirado de Colombia. Quizás se hizo justicia, tal vez no, pero la importancia que tienen las victimas se demuestra por el hecho de que ella no fue informada.
Procesos legales en el exterior deslegitiman la autoridad del sistema judicial colombiano. En 2005, el Procurador General de la Nación, Edgardo Maya, condenó el tratado diplomático como inconstitucional y, de manera infructuosa, solicitó al Congreso una revisión del mismo. Respuesta que se entiende desde la declaración del ex senador colombiano Jimmy Chamorro: “obviamente creemos que el tratado debe ser revisado, pero la realidad política es que no va a pasar, sería desastroso para la ‘política de seguridad democrática’ de Uribe”.
¿Por qué debe asumirse que los soldados estadounidenses son objeto de justicia en su propio país cuando hay razones para ser escépticos? En 2000, el ex comandante del ejército de los Estados Unidos en la lucha contra las drogas, James Hiett, fue irónicamente ligado a un caso de tráfico de drogas, pero fue encontrado inocente de cualquier cargo por los investigadores militares de su país. Además, por la muerte de dos soldados colombianos, el gobierno de los EE.UU. realizó una investigación, sin colaboración de los cuerpos investigativos nacionales, y concluyó que no había evidencia que involucrara al sargento norteamericano implicado en el arrollamiento de los dos ciudadanos colombianos que prestaban servicio militar.
Si no se aplica justicia sobre los soldados estadounidenses que se presume han cometido violaciones de derechos humanos, se transmite el mensaje de que tienen la libertad de hacer lo que les plazca. Esto puede explicar por qué Michel J. Coen y César Ruiz respondieron de esa manera a la señora Campos Castillo, cuando los acusó de violar a su hija.

Compromiso de los derechos humanos del Plan Colombia
De forma hipócrita, la política internacional y, particularmente, la del Plan Colombia se supone se dedican a proteger los derechos humanos. De acuerdo al Acta de Asistencia a Paises Extranjeros “los programas de asistencia internacional de los Estados Unidos deben ser manejados de tal manera que se promueva y se avance en derechos humanos, evitando la identificación de los Estados Unidos con gobiernos que niegan a su gente libertades fundamentales y derechos humanos reconocidos internacionalmente”. De igual manera, la llamada ‘Enmienda Leary’ en el Plan Colombia establece que ninguna unidad podrá recibir fondos de EEUU si es encontrada culpable de violaciones de derechos humanos , al igual que el Acta de Asistencia a Países Extranjeros, de 1961, y la de operaciones en el extranjero, de 2001.
La sinceridad del compromiso de Estados Unidos con los derechos humanos es cuestionable. El presidente de los EE.UU. tiene el poder de pasar por encima de los tratados de derechos humanos y continuar con el Plan Colombia, aunque las condiciones en esta materia no sean cumplidas. Clinton y Bush lo han hecho, argumentando sus decisiones desde “los intereses de la seguridad nacional” y sosteniendo que las limitaciones en derechos humanos ponen en riego la efectividad del Plan Colombia.

¿Es posible la justicia?
Las violaciones de derechos humanos en Colombia son ahora más claras: los falsos positivos, la purga interna en el estamento militar y las denuncias del director de Human Rights Watch para las Américas, José Miguel Vivanco, que señalan que en Colombia el año pasado hubo más violaciones a los derechos humanos que en la dictadura de Pinochet. El nuevo presidente estadounidense, Barak Obama, ha demostrado hasta el momento tener más compromiso con el respeto por los derechos humanos al cuestionar el futuro del Plan Colombia y del Tratado de Libre Comercio (TLC), por razones que incluyen estos crímenes. Éste es, entonces, el momento para llamar la atención sobre casos como el de la familia Castillo Campos, con el objeto de buscar que se haga justicia en territorio nacional.

viernes, 2 de enero de 2009

50 años del triunfo de la Revolución cubana

¡Jamás regresará el dolor al corazónde las madres ni la vergüenza al alma de cada cubano honesto!• Discurso pronunciado por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el acto por el aniversario 50 del triunfo de la Revolución, efectuado en Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2009, “Año del 50 aniversario del triunfo de la Revolución”.
Santiagueras y santiagueros;
Orientales;
Combatientes del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en defensa de la Revolución durante estos 50 años;
Compatriotas:
El primer pensamiento, un día como hoy, para los caídos en esta larga lucha. Ellos son paradigma y símbolo del esfuerzo y el sacrificio de millones de cubanos. En estrecha unión, empuñando las poderosas armas que han significado la dirección, las enseñanzas y el ejemplo de Fidel, aprendimos en el rigor de la lucha a transformar sueños en realidades; a no perder la calma y la confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el ánimo tras los grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las adversidades, por insuperables que pudieran parecer.
Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad esta etapa de nuestra historia, sabemos bien cuán cierta ha resultado la alerta que nos hizo aquel 8 de enero de 1959, en su primer discurso al entrar a la capital:
“La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”, concluyó.
Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder político. En esta ocasión, junto a Fidel, los mambises sí entraron a Santiago de Cuba. Atrás quedaban 60 años exactos de dominación absoluta del naciente imperialismo norteamericano, que no tardaría en mostrar sus verdaderos propósitos, al impedir la entrada a esta ciudad del Ejército Libertador.
Atrás quedaron también la gran confusión y sobre todo la frustración enorme que generó la intervención norteamericana. Sin embargo se mantuvo en vilo, más allá de su disolución formal, la voluntad de lucha del Ejército Mambí y el pensamiento que guió las armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos otros próceres y combatientes por la independencia.
Vivimos algo más de cinco décadas de gobiernos corruptos, de nuevas intervenciones norteamericanas; la tiranía machadista y la revolución frustrada que la derrocó. Más tarde, en 1952, el golpe de Estado, con el apoyo del gobierno norteamericano, instauró nuevamente la dictadura, fórmula aplicada en esos años para asegurar su dominio en América Latina.
Para nosotros quedó claro que la lucha armada era la única vía. A los revolucionarios se nos planteaba nuevamente, como a Martí antes, el dilema de la guerra necesaria por la independencia que quedó trunca en 1898.
El Ejército Rebelde retomó las armas mambisas y después del triunfo se transformó para siempre en las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias.
La Generación del Centenario, que en 1953 asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, contó con el importante legado de Martí, con su visión global humanística que va más allá de la consecución de la liberación nacional.
En términos históricos, fue breve el tiempo que medió entre la frustración del sueño mambí y el triunfo en la Guerra de Liberación. A comienzos de este período, Mella, uno de los fundadores de nuestro primer partido comunista y creador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se convierte en heredero legítimo y puente que une el pensamiento martiano y las ideas más avanzadas.
Fueron años de maduración de la conciencia y la acción de obreros y campesinos, y de formación de una intelectualidad genuina, valiente y patriota que los ha acompañado hasta el presente.
El magisterio cubano, fiel depositario de las tradiciones de lucha de sus predecesores, las sembró en lo mejor de las nuevas generaciones.
Desde el mismo momento del triunfo, se hizo evidente para cada hombre y mujer humilde que la Revolución era un justiciero cataclismo social que tocó todas las puertas, desde los palacetes de la Quinta Avenida en la capital, hasta el más misérrimo y apartado bohío de nuestros campos y montañas.
Las leyes revolucionarias no sólo dieron cumplimiento al programa del Moncada, lo superaron con creces en la lógica evolución del proceso. Además sentaron un precedente para los pueblos de nuestra América que hace 200 años iniciaron el movimiento emancipador del colonialismo.
En Cuba, la historia americana tomó rumbos diferentes. Nada moralmente valioso ha sido ajeno al torbellino que aun antes del primero de enero de 1959, comenzó a barrer oprobios e inequidades, a la vez que abrió paso al gigantesco esfuerzo de todo un pueblo, decidido a darse a sí mismo cuanto merece y ha logrado levantar con su sangre y su sudor.
Millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes, soldados, o simultáneamente las tres cosas, cuantas veces las circunstancias lo han exigido.
La síntesis magistral de Nicolás Guillén resumió el significado para el pueblo del triunfo de enero de 1959: “Tengo lo que tenía que tener”, dice uno de sus versos, refiriéndose no a riquezas materiales, sino a ser dueños de nuestro destino.
Es una victoria doblemente meritoria, porque ha sido alcanzada a pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino.
El fomento y apoyo al sabotaje y el bandidismo; la invasión de Playa Girón; el bloqueo y demás agresiones económicas, políticas y diplomáticas; la permanente campaña de mentiras dirigida a denigrar a la Revolución y sus líderes; la Crisis de Octubre, los secuestros y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles; el terrorismo de Estado, con su terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados; los planes de atentados a Fidel y otros dirigentes; los asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes, diplomáticos y combatientes cubanos. Esos y otros muchos crímenes dan fe del tozudo empeño de apagar a cualquier precio la luz de justicia y decoro que significó la alborada del Primero de Enero.
Una tras otra, todas las administraciones norteamericanas no han cesado de intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando una u otra vía, con mayor o menor agresividad.
Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida.
Desde hace muchos años, los revolucionarios cubanos nos atenemos a la máxima martiana: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.
En esta plaza, en el 30 aniversario del triunfo, Fidel nos dijo: “Aquí estamos porque hemos podido resistir”. Una década después, en 1999, desde este mismo balcón, afirmó que el período especial constituía “la más extraordinaria página de gloria y firmeza patriótica y revolucionaria, (…) cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de Estados Unidos y decidimos seguir adelante”. Fin de la cita. Así lo repetimos hoy.
Ha sido una resistencia firme, ajena a fanatismos, basada en sólidas convicciones y en la decisión de todo un pueblo de defenderlas al precio que sea necesario. Ejemplo vivo de ello en estos momentos es la inconmovible firmeza de nuestros gloriosos Cinco Héroes (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”) .
Hoy no estamos solos frente al imperio en este lado del océano, como ocurrió en los años sesenta, cuando los Estados Unidos impusieron el absurdo de expulsar de la OEA, en enero de 1962, a Cuba, el país que poco antes había sido víctima de una invasión organizada por el gobierno norteamericano y escoltada hasta nuestras costas por sus buques de guerra. Precisamente, como se ha demostrado, esa expulsión era el preludio de una intervención militar directa, impedida sólo por el despliegue de los cohetes nucleares soviéticos que desembocó en la Crisis de Octubre, conocida mundialmente como la crisis de los mísiles.
Hoy la Revolución es más fuerte que nunca y jamás ha cedido un milímetro en sus principios, ni en los momentos más difíciles. No cambia en lo más mínimo esa verdad que algunos pocos se cansen y hasta renieguen de su historia, olvidándose de que la vida es un eterno batallar.
¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta años que serán también de permanente lucha.
Observando las actuales turbulencias del mundo contemporáneo, no podemos pensar que serán más fáciles, lo digo no para asustar a nadie, es la pura realidad.
También debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos, pero especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”, sentenció.
Ante esta posibilidad, me pregunto: ¿cuál es la garantía de que no ocurra algo tan terrible para nuestro pueblo?
¿Cómo evitar un golpe tan anonadante que necesitaríamos mucho tiempo para recuperarnos y alcanzar de nuevo la victoria?
Hablo en nombre de todos los que hemos luchado, desde los primeros disparos en los muros del Moncada, hace 55 años, hasta los que cumplieron heroicas misiones internacionalistas.
Hablo, por supuesto, también en nombre de los que cayeron en las guerras de independencia y más recientemente en la Guerra de Liberación. En representación de todos ellos, hablo en nombre de Abel y José Antonio, de Camilo y Che, cuando afirmo, en primer lugar, que ello exige de los dirigentes del mañana que no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos); que no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido. Aprendamos de la historia.
Si actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales. Pero si sus actos no estuvieran en consonancia con esa conducta, no contarán siquiera con la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues les faltará la autoridad moral que sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha. Pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de muchas generaciones de cubanos.
Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrá dar la pelea, y en la primera línea estarán los mambises de hoy, que no se desarmarán ideológicamente ni dejarán caer la espada (Aplausos y exclamaciones).
Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario.
Esta heroica ciudad de Santiago, y Cuba entera, fue testigo del sacrificio de miles de compatriotas; de la ira acumulada ante tanta vida tronchada por el crimen; del dolor infinito de nuestras madres y del valor sublime de sus hijas e hijos.
Aquí nació un joven revolucionario, de sólo 22 años al caer asesinado, que simboliza esa disposición al sacrificio, pureza, valentía, serenidad y amor a la patria de nuestro pueblo: Frank País García.
En esta tierra oriental nació la Revolución. Aquí fue la clarinada de La Demajagua y el 26 de Julio; aquí desembarcamos en el Granma e iniciamos el combate en montañas y llanos, que luego se extendió a toda la isla. Como dijo Fidel en La Historia me Absolverá, aquí “cada día parece que va a ser otra vez el de Yara o el de Baire”.
¡Nunca más volverán la miseria, la ignominia, el abuso y la injusticia a nuestra tierra!
¡Jamás regresará el dolor al corazón de las madres ni la vergüenza al alma de cada cubano honesto!
Es la firme decisión de una nación en pie de lucha, consciente de su deber y orgullosa de su historia (Aplausos).
Nuestro pueblo conoce cada imperfección de la obra que él mismo ha levantado con sus brazos y defendido a riesgo de su vida. Los revolucionarios somos nuestros principales críticos. No hemos dudado en dilucidar deficiencias y errores públicamente. Sobran los ejemplos pasados y recientes.
Desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental de nuestras derrotas. A partir del primero de enero de 1959, la unidad, forjada por Fidel, ha sido garantía de nuestras victorias. Nuestro pueblo logró mantenerla frente a todos los avatares e intentos divisionistas y ha sabido situar los anhelos comunes por encima de las diferencias, derrotar mezquindades a fuerza de colectivismo y generosidad.
Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles.
Al arribar al primer medio siglo de Revolución triunfante, llegue el principal tributo a nuestro maravilloso pueblo; a su ejemplar decisión, valor, fidelidad, vocación solidaria e internacionalista; a su extraordinaria demostración de voluntad, espíritu de sacrificio y confianza en la victoria, en el Partido, en su máximo líder y sobre todo en sí mismo (Aplausos).
Sé que expreso el sentir de mis compatriotas y de muchos revolucionarios en el mundo, al rendir homenaje en esta hora al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz (Aplausos y exclamaciones).
Un individuo no hace la historia, lo sabemos, pero hay hombres imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva. Fidel es uno de ellos, nadie lo duda, ni aun sus enemigos más acérrimos.
Desde muy joven hizo suyo un pensamiento martiano: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Lo convirtió en escudo contra lo fatuo y lo pasajero, en su principal arma para transformar halagos y honores, por merecidos que fueran, en mayor modestia, honradez, voluntad de lucha y amor por la verdad, que invariablemente ha situado por encima de todo.
A estas ideas se refirió, en esta misma plaza, hace 50 años. Sus palabras de aquella noche mantienen absoluta vigencia.
En este especial momento que nos hace meditar en el camino recorrido y sobre todo en el aún más largo que está por delante, cuando ratificamos nuevamente el compromiso con el pueblo y nuestros mártires, permítanme concluir repitiendo la alerta premonitoria y el llamado al combate que nos hiciera el Comandante en Jefe en este histórico lugar, el primero de enero de 1959, cuando señaló:
“No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está trillado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades. Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos”.
Y agregó:
“Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, (…) no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber”, concluyó.
En una fecha de tanto significado y simbolismo, reflexionemos sobre estas ideas que constituyen guía para el revolucionario verdadero. Hagámoslo con la satisfacción de haber cumplido el deber hasta el presente; con el aval de haber vivido con dignidad el más intenso y fecundo medio siglo de historia patria y con el firme compromiso de que en esta tierra siempre podremos exclamar con orgullo:
¡Gloria a nuestros héroes y mártires! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”)
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva la Revolución! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

lunes, 8 de diciembre de 2008

MASACRE DE LAS BANANERAS

MASACRE DE LAS BANANERAS
Diciembre 6 de 1928 Sangre en la plantación La muerte de un número indeterminado de manifestantes en Ciénaga por tropas oficiales se convirtió en un hito de las luchas obreras y un mito para la historia y las letras colombianas.
Por Mauricio Archila Neira *
Hace unos años escribí que tal vez no existe un hecho en la historia del país que sea tan doloroso y al mismo tiempo tan expuesto a los vaivenes de la ficción como lo ocurrido en Ciénaga, Magdalena, entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928. Hoy agregaría que quizá ha sido el evento más disputado en términos de la memoria colectiva, tanto que hoy sigue provocando pasiones en uno y otro lado del espectro político colombiano.
No acaba de suceder la masacre (así se designa técnicamente a todo acto de liquidación de más de cuatro personas en estado de indefensión) cuando ya se levantaban interpretaciones antagónicas y era claro que no habría consenso sobre lo que en efecto pasó en aquella aciaga madrugada. Antes de considerar algunos de los argumentos esgrimidos, establezcamos los principales hechos, hasta donde sea posible.
La empresa norteamericana United Fruit Company (UFC), creada en Boston en 1899, había llegado a la zona bananera del Magdalena a comienzos del siglo XX. La mayoría de los trabajadores de sus plantaciones eran vinculados indirectamente por medio de contratistas. Por ello nunca se pudo precisar su número exacto, pero se habla de una cifra que oscilaba entre 10.000 y 30.000. El 12 de noviembre de 1928 uno de los sindicatos que funcionaba en la región lanzó la huelga para presionar la solución de un pliego de nueve puntos. No era el primer conflicto laboral en la zona, pues desde 1918 se habían presentado ceses de trabajo, pero fueron parciales o de sectores específicos como los ferroviarios o portuarios dependientes de la multinacional.
El pliego de peticiones comenzaba con tres puntos que llamaban al cumplimiento de leyes colombianas sobre el seguro colectivo y obligatorio para los trabajadores, accidentes de trabajo y habitaciones higiénicas. Luego se exigía aumento salarial del 50 por ciento, cesación de los comisariatos y de préstamos por vales, pago semanal, contratación colectiva y establecimiento de más hospitales. Aunque sólo se exigía amoldarse a la escasa legislación laboral, la UFC se negó a negociar.
Muerte en Ciénaga
A instancias del general Carlos Cortés Vargas, trasladado a la zona como jefe militar al otro día de iniciada la huelga, la gerencia local de la UFC aceptó a medias los puntos de los vales y del pago semanal. El resto lo consideró "ilegal" o imposible de conceder. En esas condiciones el clima laboral se deterioró y los trabajadores realizaron mítines permanentes, bloqueos de la vía ferroviaria y saboteos a las líneas telegráficas. Como el conflicto no se resolvía decidieron concentrarse en Ciénaga, aunque dejaron piquetes de huelguistas por toda la zona.
En la noche del 5 de diciembre corrió el rumor de que el gobernador iría a entrevistarse con los trabajadores para buscar solución al paro, pero nunca llegó. Por su parte el gobierno central expidió el Decreto Legislativo No. 1 que declaraba el estado de sitio en la zona por turbación del orden público y designaba a Cortés Vargas jefe civil y militar de la misma. Éste, una vez recibió el esperado decreto se posesionó a la carrera y expidió a las 11 y media de la noche el decreto No. 1 que ordenaba disolver "toda reunión mayor de tres individuos" y amenazaba con disparar "sobre la multitud si fuera el caso". En consecuencia, a la 1 y media de la madrugada del 6 de diciembre formó a la tropa delante de los concentrados en Ciénaga. Luego de leer los respectivos decretos y de conminar a la multitud a retirarse, dio un plazo de cinco minutos que prolongó por uno más. Según Cortés Vargas "era menester cumplir la ley, y se cumplió". La masacre que siguió después es materia de disputa, así como lo que ocurrió en los días posteriores al hecho que prácticamente terminó con la huelga.
En efecto, el general Carlos Cortés Vargas, militar de carrera e historiador por afición, reconoció nueve muertos, ¡el mismo número de los puntos del pliego de petición! Explicó su decisión con dos argumentos, muy caros al espíritu militar: la preservación de la autoridad en una situación casi insurreccional y la represión de la huelga para anticipar un desembarco norteamericano. El primero fue, sin duda, el que más invocó tanto en una entrevista publicada pocos días después de la masacre, como en el libro que editaría a mediados de 1929. El segundo, que tuvo cierto fundamento como veremos luego, surgiría meses después como una disculpa de su decisión. Para el general, la huelga en la zona bananera era un acto subversivo propiciado por agitadores comunistas y anarquistas. En esto hacía eco del mismo pánico que sus superiores, el ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, y el presidente Miguel Abadía Méndez, tenían ante cualquier protesta social. En esa dirección habían expedido el año anterior la Ley Heroica.
La descripción que hace Cortés Vargas insiste en multitudes que recorrían la zona arrasando con todo y amenazando las vidas de funcionarios colombianos y norteamericanos. Él veía comunistas por todos lados, tanto que terminó apresando al inspector del trabajo y al alcalde de Ciénaga por connivencia con los huelguistas. Pero lo que más le preocupaba era la eventual confraternización de las tropas costeñas con los trabajadores. Para salvar el principio de autoridad decidió actuar brutalmente para suprimir la huelga, en lo que fue respaldado por sus superiores.
Otras versiones
Por su parte, activistas sobrevivientes como Alberto Castrillón y Raúl E. Mahecha hablaron de cientos de víctimas desarmadas. También ellos tenían sus intereses en esta denuncia. Es sabido que el Partido Socialista Revolucionario, en el que militaban los dirigentes de la huelga, se inclinaba por una táctica insurreccional para acceder al poder. La huelga era un paso en esa dirección. Pero por las descripciones que hicieron otros sobrevivientes, la gente desbordó a sus líderes.
Algunos señalan que Mahecha, oliéndose lo que iba a suceder, intentó en vano disolver la concentración en Ciénaga. Sin duda, hubo actos violentos por parte de los huelguistas como el ocurrido el 6 de diciembre en la vecina Sevilla que dejó un militar muerto y otros tantos civiles. Incluso parece que a lo largo del conflicto algunos de los huelguistas estuvieron armados de machetes y viejas escopetas. Pero en la noche de la masacre en Ciénaga las balas no salieron de la multitud, como lo reconoció el mismo Cortés Vargas. En forma diciente El Espectador el 12 de diciembre publicó una larga entrevista con el general bajo el título: 'La primera descarga se hizo sobre una multitud obrera inerme y pacífica'.
A su vez, el joven político Jorge E. Gaitán eludió dar cifras precisas en la denuncia que presentó ante el Congreso meses después, pero acusó a los militares de hacer una acción premeditada en estado de embriaguez. Igualmente recogió el rumor que circulaba en la región de trenes cargados de muertos que fueron arrojados al mar. Gaitán también tenía intereses políticos, pero sus denuncias, exageradas en algunos puntos, no se pueden reducir a una simple oposición al gobierno, como perceptivamente le señaló el embajador norteamericano Jefferson Caffery. El punto de vista de este diplomático es también esclarecedor de las distintas versiones de los hechos. Apoyándose en fuentes de la compañía bananera, el embajador reportó primero 100 muertos, luego habló de una suma que oscilaba entre 500 y 600 y en un informe al Departamento de Estado de mediados de diciembre dijo que sobrepasaban los ´1.000. Queda la duda de si en efecto hubo tropas extranjeras cerca de Colombia -como ocurrió en Panamá en 1903-, y no se sabe hasta dónde hubieran llegado los estadounidenses en la defensa de sus 'intereses'.
En todos estos relatos la realidad ha sido moldeada por cada protagonista atendiendo a sus motivaciones. Es una forma de ficción, distinta, eso sí, de la literaria. No es lo mismo hablar de "masacre" que de "sucesos" de las bananeras, como asépticamente los designó Cortés Vargas. Pero los intereses políticos no han desaparecido con el paso de los años. Aún hay quienes quieren dejar estos eventos en el cajón del olvido. La masacre de las bananeras no era parte de la llamada 'historia oficial' que nos enseñaron a muchas generaciones de colombianos y que hoy, por fortuna, está cuestionada.
De no ser por el poder de la imaginación traducido en las caricaturas de Rendón, las denuncias de Gaitán, la escultura de Arenas Betancourt, las novelas de Alvaro Cepeda y de Gabo, los abundantes recuentos de los historiadores y, sobre todo, el recuerdo de los sobrevivientes, pudo pasar lo que ha ocurrido con otros hechos luctuosos de la historia reciente del país que se hunden en el manto del olvido y la impunidad. Para encarar cualquier proceso de paz en el país no se puede suprimir la memoria colectiva, comenzando por la masacre que se cometió el 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga contra una "multitud inerme y pacífica". Esta memoria tiene algo de ficción, como todo relato histórico, pero no por ello es falsa.
* Ph.D. en historia y profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia

El sindicalismo está domesticado y esa ha sido la gran operación del sistema capital: la domesticación

Peio H. Riaño Público - Entrevista a Jose Saramago
Saramago tiene nueva historia y suena a cuento. Lo cuenta bajito, pausado y sin prisa. No tiene prisa, porque ha pasado por una de las travesías más difíciles, en la que estaba en lucha su propia vida. Nos cuenta El viaje del elefante (que Alfaguara distribuye en las librerías mañana viernes) en su estudio, donde mantiene una intensa actividad en su blog (cuaderno.josesaramago.org), que combina con la exposición José Saramago. La consistencia de los sueños, que inauguró en la Fundación César Manrique de Lanzarote hace meses y que ahora vuela a Sao Paulo. No se perderá la inauguración.
¿Cómo se encuentra?
Bien. Recuperado. Ha sido un ataque muy grave, que podría haber acabado con mi vida, pero no. He ganado peso, 16 kilos desde que salí del hospital. Siempre he sido delgado, pero imagine cómo estaba entonces no se puede hacer una idea. Pero estoy bien.
Creo que la enfermedad apareció en medio de la escritura de El viaje del elefante, ¿no es así?
Sí, empecé el libro en febrero de 2007. Había escrito unas 40 páginas y lo tuve que interrumpir porque no estaba bien. Luego se complicó todo, cada vez peor. Hice un viaje a Argentina a finales de octubre, que fue un disparate porque ya no podía casi ni moverme. Al regresar de Buenos Aires entré en la clínica en Madrid, donde no acertaron el diagnóstico. Y en noviembre tuve una crisis que me llevó a un pequeño hospital en Lanzarote. Allí encontré un equipo médico extraordinario y estuve unos cuantos días en la UCI. No estuve nunca en coma, pero fue realmente duro. Los médicos me dijeron que necesitaría un año para recuperarme y, efectivamente, ha sido lento pero seguro.
Exactamente, ¿qué le pasó?
Tuve una neumonía y no me di cuenta, a la que se sumó otra, y tenía los pulmones encharcados. Curiosamente, cuando estaba ingresado en la planta del hospital, había un pequeño televisor y veía la información de que Ángel González había sido ingresado con una neumonía. Y al cabo de tres días Salí del hospital el 20 de febrero, en un estado muy delicado, pesando 51 kilos. Entonces empezó un proceso de recuperación hasta hoy.
Y el libro quedó parado.
No volví a trabajar en el libro hasta que llegué aquí. Dos días después de entrar en casa encendí el ordenador y me puse a trabajar en él. Lo terminé en agosto. A mí me sorprendió el hecho de que el libro, con el parón de todos esos meses, no perdió su hilo y lo recuperé en el mismo punto. El libro me gusta, me gusta mucho. Puedo decir que es un gran libro.
¿Y esa enfermedad que pasó por el libro ha influido en él?
No, no, no. Mire lo que sería lógico es que alguien encontrara algo de mi paso por la enfermedad. Y o yo me equivoco mucho o no hay nada en él. Es un libro divertido, con muchísimo humor. No es nuevo en mi trabajo, pero puede sorprender un poco por la abundancia de la ironía y del humor. A veces es grotesco. Pero también tengo que decir que me sorprende que la enfermedad no haya dejado un rastro entre las líneas de lo que he escrito. Y no tengo explicación, es como si yo fuera dos. Uno estaba sufriendo y otro intacto seguía con su rutina de la escritura.
El libro está escrito en un lenguaje actual y a la vez arcaizante.
Sí, pero mi preocupación no era utilizar el lenguaje de entonces, del siglo XVI. Mi tesis es esta: uno a lo largo de la vida va acumulando sedimentos lingüísticos, extractos El lenguaje va cambiando a lo largo de los años con cada uno. Pero el lenguaje nuevo no elimina al que quedó atrás. Yo pienso que la enfermedad trastocó esto, porque hizo subir a la superficie el sedimento antiguo. Eso es completamente involuntario, porque no me puse como obligación escribir desde un punto de vista riguroso con el XVI. Lo que me importó fue el tono con el que estaba escribiéndolo.
Por el tono y el tratamiento no es una novela, es un cuento.
Yo desde el principio lo llamé cuento, a pesar de lo largo que es. Con más de 200 páginas parece una locura llamarlo cuento, pero no quiero crear ningún debate con eso. No merece la pena. Mejor, no lo llame nada. Curiosamente, en la edición brasileña, lo llaman cuento.
¿Acumular muchos datos históricos puede ser un lastre para una novela como esta?
Claro, ese es el gran riesgo de lo que pasa con la novela histórica. Decir de más es siempre decir de menos. Hay que tener un claro equilibrio para construir la ficción, porque corre el peligro de perderse. Los datos históricos que utilizo en "El viaje del elefante" pueden caber en un folio. Lo demás lo inventé. Hay más imaginación e invención.
Es en la voz del narrador, que llega a ser un personaje más, donde el tono se asimila al relato de un juglar.
Sí. En este libro el narrador tiene una presencia constante. No sólo narra, también corrige lo que ha dicho porque la realidad termina siendo otra. Me gusta la figura del autor que es también narrador y para eso me remonto a cuando se contaban antes los cuentos, cuando el narrador añadía siempre algo suyo.
Recordemos el motivo del viaje: el elefante es regalado porque "no tiene oficio ni beneficio, ni esperanza de provecho". Un motivo radicalmente competitivo, absolutamente capitalista.
El libro está muy cercano a nuestra propia existencia y a nuestra propia identidad. El libro no hubiera sido escrito si la conclusión de la vida del elefante no hubiera sido como fue: le cortaron las patas para usarlo como recipiente de paraguas y bastones. Es una metáfora de la vida y de la vida humana. Al final la pregunta siempre es: ¿Y para qué? Lo que me empujó a escribir el libro era llegar a esta conclusión prosaica y ridícula.
¿Somos lo que producimos?
Prefiero pensar y decir que somos lo que hacemos. "Hacer" tiene un sentido más digno que "producir". Si yo escribo un libro, hago un libro, no produzco un libro.
¿Por qué está fracasando el estado del bienestar?
"Estado de bienestar" es más retórica política que realidad social. El Estado de bienestar ha estado unido a la superproducción de bienes de consumo de todo tipo y eso no es un Estado de bienestar. El lenguaje sirve para todo y sirve, muchas veces, de máscara de la realidad. Todo eso se derrumbó por la tentación del dinero fácil que estaba en la cabeza de todos esos banqueros y grandes industriales. Es curioso como al principio del capitalismo, los banqueros de Centroeuropa eran casi todos calvinistas y, por lo tanto, con un código moral muy exigente. Se limitaron a prestar dinero a cambio de un interés. Ese lado positivo de la formación moral se perdió, y se perdió rápidamente.
¿Y cómo cree que llegamos a esta crisis?
No nos dimos cuenta del proceso de descomposición del sistema. Las hipotecas basuras fueron el primer síntoma de lo que ocurrió. Incluso sorprendió a aquellos que defendían la idea peregrina del señor Fukuyama de que la historia se había acabado, que habíamos llegado a un punto en el que no habría cambios.
En ese sentido, ¿qué revolución espera de mi generación?
Mire, esto puede sonar antiguo, pero hay que volver a la ética.
¿Qué le parece cómo ha reaccionado la clase política?
La primera reacción de Sarkozy ha sido refundar el capitalismo, es decir, "cambiar algo para que todo siga igual". No, el trauma ha sido suficiente como para pensar que con una mano de pintura no basta. No sé qué pasará, pero sí tengo claro que el capitalismo se suicidó. Supongo que ocurrirá la creación de instrumentos de control para supervisar las operaciones financieras. Pero si no se acaban los paraísos fiscales, si no se aplica la tasa Tobin, etc no sé qué pasará.
Necesitamos a Marx.
Marx está resucitando, se reedita a Marx, incluso en medios cercanos a las ideas de Marx acuden a él. Pero, ¿estaremos en condiciones de estudiar a Marx desde nuestra época?
¿Aprenderemos algo de todo esto?
El hombre es el único animal que tropieza hasta tres veces con la misma piedra. Y a pesar de que pensemos que estamos pasando por momentos muy malos y que no se nos van a olvidar, al contrario de lo que se cree, uno aprende muy poco de la experiencia. Pero sí creo en las generaciones. Creo que hay generaciones capaces de crear, de generar y de construir. Si la generación a la que vosotros pertenecéis es capaz de tomar la decisión de reaccionar y de expresar las dudas que hay que mantener vivas, porque la seguridad es engañosa, podréis ser una de las generaciones necesarias. Yo no creo que la literatura salve nada, porque si pudiera hacerlo ya lo habría hecho. Todo eso quedó en el pasado y no cambió nada.
¿Cómo valora la retirada del juez Baltasar Garzón de la causa contra el franquismo? ¿Quedamos desamparados?
No estamos desamparados: el juez ha hecho lo que tenía que hacer, ahora otros tendrán que seguir la tarea. Y, desde luego, la sociedad no puede bajar la guardia, porque la amnesia es mala para las personas y también para las sociedades. Tenemos que saber quiénes somos para vivir con conciencia de estar vivos. Sigamos preguntando y buscando. Este movimiento ya no lo para nadie.
¿Quién podrá juzgar a Franco en España? ¿Estamos preparados?
Supongo que sí, que todos los pueblos pueden mirar su pasado y juzgarlo de acuerdo con sus exigencias éticas. Fray Bartolomé de las Casas o nuestro Padre Vieira lo hicieron cuando el llamado Descubrimiento, quizá más solos que los que ahora ponen en marcha estos movimientos. En la sociedad de la informática no tiene que predicar Antonio Vieira ante los peces, el juez Garzón se ha visto acompañado nacional e internacionalmente. No fue él quien puso en movimiento las alas de la mariposa, el movimiento estaba, él le dio curso legal y lo amplificó, de modo que las personas se han visto a sí mismas con autoridad para encarar su pasado. Y para juzgar a Franco, claro que sí. Veremos ese juicio en el tiempo de nuestras vidas, al menos de vuestras vidas.
Como en todo cuento, he apuntado de El viaje del elefante algunos aforismos, como: "Somos, cada vez más, los defectos que tenemos, no las virtudes". ¿Por qué la puntualización, "cada vez más"?
Porque es cierto. Mire la corrupción, está por todas partes. Ya no es algo profesional, es un hecho social. La insolidaridad es otro defecto. Mire la violencia, ya es un fenómeno social. Pienso ahora en Mayo del 68, que fue toda una revolución de la mentalidad, y pienso en la frase que se escribía por las paredes: "Prohibido prohibir". Aquello llevó a la crisis de la autoridad. No tengo que reconocer la autoridad a alguien que no se la merece, pero el no respeto a la autoridad por principio me parece un error. Entre la libertad y la licencia hay una gran diferencia.
La Iglesia y sus falsos milagros también tienen zurra en el libro.
Es una caricatura. Cuando un padre de la basílica de San Antonio tiene la idea de inventar un milagro gracias al elefante no es más que otro milagro falso. Y ahora esta otra cosa que a mí me sorprende, la placa que quieren poner en el Congreso sobre una monja yo espero que haya un poco de sentido común entre los disputados. Esto ha sido una idea de Bono, ¿no? Pues que ponga la placa en su casa y que deje el Congreso en paz. ¿Con qué derecho hace eso? ¿Por qué? ¿Qué significado tiene un milagro? De repente la España laica cuelga una placa dedicada a la monja Maravillas [Al día siguiente de esta entrevista, José Bono retiró la propuesta].
Durante el viaje del elefante se cuestiona hasta el propio significado y sentido de la moral. "Que cada uno mire por sí mismo para que nos podamos salvar todos", escribe. ¿Dónde podemos encontrar la moral? ¿Qué moral aplicar a nuestras vidas?
Yo creo que todos los códigos morales se contienen en una frase muy sencilla, que todos alguna vez hemos repetido: "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti". Si uno cumpliese con esto como principio, se resolverían los problemas materiales y morales. Y supongo que no se llegará a cumplir nunca.
En el libro también cuenta el narrador la imposibilidad de describir un paisaje a través de la palabra, ¿son incapaces de convivir la imagen y la palabra?
La imagen y la palabra no compiten, porque los medios de una no son los medios de la otra. Necesitamos a las palabras porque pensamos con ellas, y no creo que se pueda pensar con imágenes porque no es suficientemente racional. Con imágenes no se puede llegar a ninguna conclusión Claro que yo no soy imparcial en este debate, porque utilizo las palabras. Pero no es cierto que una imagen valga por 1.000 palabras. Son complementarias.
¿Todavía le quedan palabras nuevas por ahí, para no utilizar "palabras que ya recorrieron millones de páginas y de bocas"?
Bueno, es una idea un poco ingenua, porque no hay palabras nuevas ni palabras viejas. Hay palabras. Siempre cabe la posibilidad de resucitar las palabras que ya no se usan, porque el diccionario es el lugar en el que deberían estar todas las palabras: las que se usan y las que se usaron antes. No sabes qué te puedes encontrar viajando por los vocabularios antiguos. La palabra antigua puede incluirse hoy. Eso ocurre en El viaje del elefante, como hablábamos al principio. Las palabras llevan la sabiduría de lo vivido.
¿Y tiene usted alguna palabra prohibida?
No, pienso y no creo que haya una palabra que yo rechace o que sienta miedo por pensar en ella. Porque el miedo no está en la palabra está en lo que ella significa. Hay unas cuantas palabras que me saben mal, sobre todo, los tacos. Odio los tacos, hablar con ellos para mí es imperdonable [risas]. Son innecesarios.
Una obligada, ¿qué espera usted de Obama?
El problema que va a tener Obama es que ha hecho despertar tantas esperanzas, tantas ilusiones, que será muy fácil decepcionar. Es una especie de Superman de la inteligencia, la sensibilidad, el sentido común, etc. En todo caso, ya sabemos que un presidente negro en EEUU es una revolución, así que ¿por qué no va a ocurrir otro milagro? Además Obama es inteligente y no es una característica habitual de los políticos. Se puede decir que Obama lo va a tener complicado con la crisis, pero también la crisis es su gran oportunidad. Nunca hubiéramos creído que alguien como Obama llegaría a ser candidato, y lo es; nunca hubiéramos pensado que un candidato como él llegaría a la presidencia, y ha llegado; nunca hubiéramos pensado que una mayoría de estadounidenses habrían querido a este hombre negro. Lo mejor es confiar, pero no esperar demasiado.
Quizá en España también estemos esperando un líder como él para Izquierda Unida.
No entiendo nada de lo que pasa en IU. Gaspar Llamazares ha hecho lo que podía, pero el partido está muy enfermo, muy enfermo. Es una pena. Hay un factor duro, los del PCE, en un momento en el que ya no tiene sentido, porque si el riesgo es la disolución de IU hay que dialogar y pactar, hacer algo para que eso no ocurra. Es increíble, ¿dónde está la izquierda? El sindicalismo está domesticado y esa ha sido la gran operación del sistema capital: la domesticación. Y a la vez nos dice que somos libres, eso sí que es cruel.