miércoles, 18 de noviembre de 2009

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Las sonrisas del ex ministro Arias y del ministro Fernández, una vez se hundió la moción de censura en el Senado, representan el triunfo del clientelismo puesto en marcha no sólo por estos dos bribones, sino por el propio gobierno de Uribe a través de la política pública Agro Ingreso Seguro.

Estos dos ladinos personajes de la política nacional sonríen porque no se dio la moción de censura. Sin duda, se trata de un triunfo pírrico tanto para ellos, como para este ilegítimo gobierno. Que la moción de censura se haya truncado significa que la política pública Agro Ingreso Seguro fue diseñada justo a la medida de las necesidades clientelistas del Gobierno de Uribe. Es, también, la demostración del poder absoluto que ha venido acumulando el Presidente de la República.

Por el contrario, lo que debe quedar muy claro es que efectivamente se diseña, se diseñó y se seguirán diseñando políticas públicas para pagar favores políticos a los sectores productivos y empresariales que han apoyado la reelección de Uribe y con ella, la profunda crisis institucional que vivimos en Colombia.

Cuando los asuntos del Estado se manejan con tal bellaquería, las violencias en todas sus manifestaciones parecen legitimarse en ese carácter mafioso que de tiempo atrás ha venido adquiriendo el Estado colombiano, manejado por funcionarios taimados de mediano y alto nivel.

Da tristeza el espectáculo brindado por estos dos laderos personajes del uribismo. Pero más tristeza genera el silencio de unos actores de la sociedad civil que deberían estar revisando no sólo la política Agro Ingreso Seguro, sino las otras políticas públicas y en general las actuaciones de este gobierno.

Leía hace poco un discurso del Rector de la Universidad de los Andes[1], en el que hace referencia al papel de la Academia. Recojo algunos apartes: “las universidades debemos propiciar espacios de debate sobre los problemas que afectan al país en todos sus ámbitos: la infraestructura, la economía, la gobernabilidad política, la violencia. Todo ello debe ser objeto de análisis, lo cual implica la confrontación de distintas posturas, en un clima de tolerancia. A su vez, esto exige una postura activa de la academia en la socialización de sus investigaciones, de tal manera que ellas aporten significativamente a la sociedad. Por su parte, los estudiantes tienen el compromiso de ser ciudadanos preocupados por los asuntos públicos que impactan el interés general. Esto es, ciudadanos que opinan críticamente sobre los problemas que aquejan al país y que proponen, desde su conocimiento, soluciones a los mismos. Tarea nada fácil.”

No se trata de una confrontación directa en contra de un Gobierno, por el contrario, de lo que se trata es de asumir una actitud y una acción política éticamente correctas en una nación acostumbrada al pillaje y confundida pues ya hay dificultades para distinguir qué es legal y qué es ilegal; qué es legítimo y qué no lo es; qué es éticamente correcto y qué no lo es. Pero también hay responsabilidades en los partidos y movimientos políticos, en los tibios candidatos a la presidencia que hoy se asoman a la arena electoral, en los líderes políticos y en un Estado que olvidaron límites éticos, convirtiendo a Colombia en un nido de pillos que buscan satisfacciones individuales.

Bien dice el padre jesuita, Francisco de Roux Rengifo, al señalar que "Colombia es una Nación fallida que vive una profunda crisis humanitaria y de dignidad; por eso tenemos la idea equivocada de que la dignidad nos va a venir de la protección que nos dé otra Nación, o de las armas, o de la seguridad del Estado. La construcción de Estado es muy precario y si no lo hacemos desde lo más hondo como los principios básicos de una ética pública, siempre tendremos fragilidades en las elaboraciones constitucionales que desarrollemos y tendremos resquebrajamientos en las autoridades públicas que designemos…”[2]

Insisto en que la Academia debe convertirse en un eficiente actor de control político de las actuaciones de los gobiernos, a partir del análisis, de la investigación, del seguimiento. Más allá de asuntos y orillas ideológicas, lo que está de por medio es la dignidad de la nación, el bienestar de todos los que vivimos en este territorio y la viabilidad del Estado.

Si la Universidad colombiana no lidera reflexiones profundas alrededor de la ética pública, del modelo económico que hoy condena a mayorías a vivir de manera indigna, de la gobernabilidad y de la legitimidad del actual régimen y en particular, acerca de la pérdida de los pesos y contrapesos por cuenta de la reelección, será responsable de las catástrofes sociales, culturales y políticas que vienen de la mano de la concentración del poder en una sola persona.

Mientras Arias y Fernández ríen y la Academia guarda silencio, el país entra en un peligroso estadio de insospechables consecuencias para todos. Solo resta esperar.
Consulte el blog La Otra Tribuna, http://www.laotratribuna1.blogspot.com/

[1] Circuló por la red un pdf bajo el título PALABRAS DEL RECTOR DE KA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, CARLOS ÁNGULO GALVIS, DURANTE LA CEREMONIA DE PREGRADO Y MAGÍSTER, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2009.

[2] Apartes de este discurso circularon en la red y fueron recogidos por varios medios radiales.

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